Martes, 14 de Julio de 2026
Diario de Economía de la Región de Murcia
OPINIÓNDel Cantón al Congreso: la voz que el sureste necesita
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Antonio Casado Mena

Del Cantón al Congreso: la voz que el sureste necesita

 

Cada 12 de julio, Cartagena conmemora mucho más que una fecha. Recuerda el día en que decidió que su futuro no podía seguir escribiéndose lejos de ella. El Cantón no fue únicamente un episodio de nuestra historia. Fue la expresión de una ciudad que se negó a aceptar un papel secundario y quiso convertirse en protagonista de su propio destino.


Ese es, quizá, el verdadero legado del 12 de julio. No los cañones. No la pólvora. No el enfrentamiento. No si Antonete era la fuerza del Cantón y si Roque Barcia era su voz. Sino la convicción de que una ciudad solo empieza a construir su futuro cuando deja de esperar a que otros lo hagan por ella.

La psicología moderna nos recuerda que las personas crecen cuando asumen la responsabilidad de su propia vida. Con los territorios sucede exactamente lo mismo. Una ciudad que espera eternamente a que otros decidan por ella acaba poniéndose de rodillas; una ciudad que encuentra su propia voz empieza a escribir su futuro.

Si el Cantón fue el primer gran movimiento político nacido en Cartagena que quiso cambiar el rumbo de España, quizá haya llegado el momento de que, siglo y medio después, vuelva a surgir desde esta tierra un proyecto capaz de influir en las decisiones del Estado. No desde la revolución, sino desde la democracia. No desde el Arsenal y las baterías de costas, sino desde el Congreso de los Diputados y desde el Senado.

 

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Durante décadas, el Partido Popular y el Partido Socialista se han alternado en el poder. Han gobernado España, la Región de Murcia y también Cartagena. Sin embargo, el sureste continúa acumulando demasiadas reivindicaciones pendientes: la regeneración definitiva de la bahía de Portmán, la recuperación del Mar Menor, unas infraestructuras ferroviarias modernas, una apuesta decidida por el Puerto de Cartagena y una estrategia capaz de transformar el enorme potencial industrial, energético, turístico, agrícola y logístico de esta tierra en mayor prosperidad para sus ciudadanos.

No se trata de negar los avances alcanzados. Se trata de reconocer que, después de décadas de alternancia, el sureste sigue sin ocupar el lugar que le corresponde en las prioridades del Estado.

Cuando una fórmula se repite durante tanto tiempo sin alcanzar los resultados esperados, es por que ha llegado el momento, de intentar algo diferente.

Y ese proyecto no debería construirse sobre la ideología. Debería construirse sobre el territorio. Si quiere ser fiel al espíritu del 12 de julio, Movimiento Ciudadano tiene ante sí una responsabilidad histórica: construir el gran proyecto político del sureste para las próximas generaciones.

No se trata únicamente de gobernar Cartagena. Se trata de liderar un proyecto de comarca capaz de integrar a Cartagena, La Unión, Mazarrón, Fuente Álamo, Torre Pacheco, Los Alcázares, San Javier y San Pedro del Pinatar en una visión compartida de futuro.

Pero ese proyecto no puede pensarse para cuatro años. Los grandes proyectos se construyen pensando en la siguiente generación.

Cuenta una conocida anécdota de Gaudí que, cuando le preguntaban cuándo estaría terminada la Sagrada Familia, respondía que su cliente no tenía prisa. Su cliente era Dios. Sabía que estaba levantando una obra destinada a trascender su propia vida.

Eso es precisamente lo que necesita el sureste. Un proyecto de comarca que mire a los próximos cincuenta años. Un proyecto capaz de dibujar un horizonte compartido, de unir generaciones en torno a un mismo propósito y de hacer que cada ciudadano sienta que su esfuerzo forma parte de una obra mucho más grande que él mismo.

Porque los grandes pueblos, como las grandes catedrales, no se levantan en cuatro años. Se construyen piedra a piedra, generación tras generación.

La experiencia de otras formaciones territorialistas demuestra que un solo diputado puede cambiar muchas cosas. Puede influir en los Presupuestos Generales del Estado, negociar inversiones, defender infraestructuras y conseguir que un territorio deje de ser invisible.

¿Por qué no puede hacerlo también el sureste Quizá ese sea el verdadero significado del 12 de julio para nuestra generación. No repetir la historia. Sino comprenderla.

En 1873, Cartagena quiso hacerse escuchar porque entendía que su futuro no podía decidirse siempre desde lejos. En 2027 nadie necesita alzarse en armas. Basta con saber levantar la voz. No con cañones. Con votos y con un discurso capaz de remover conciencias.

Porque el Cantón no nos dejó la obligación de repetir su revolución. Nos legó una enseñanza mucho más valiosa: los pueblos, igual que las personas, solo alcanzan su plenitud cuando dejan de depender de que otros decidan por ellos.

Quizá haya llegado el momento de que el sureste dé ese paso. No contra nadie ni contra nada en concreto. Sino a favor de sí mismo.

 

Linkedin: Antonio Casado Mena

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