
La Región de Murcia necesita más emprendedores que nunca. Algunos crearán empresas desde cero. Otros tendrán la oportunidad de escribir el siguiente capítulo de negocios que llevan décadas generando empleo, riqueza y futuro.
Cuando pensamos en emprender, casi todos imaginamos la misma escena: una idea brillante, un local vacío, muchas horas de trabajo y una persiana que se levanta por primera vez. Pero... ¿y si el próximo gran proyecto empresarial no empezara con una persiana nueva? ¿Y si la empresa que siempre has soñado dirigir ya existiera?
En la Región de Murcia hay miles de empresarios que han dedicado toda una vida a construir negocios sólidos. Empresas pequeñas, medianas y grandes que han sobrevivido a crisis económicas, cambios tecnológicos e incluso a una pandemia. Empresas que hoy tienen clientes, trabajadores, proveedores, prestigio y algo que no se compra con dinero: la experiencia.
Sin embargo, muchas de ellas afrontan un reto silencioso. Sus fundadores empiezan a pensar en la jubilación y, en demasiados casos, no encuentran quién continúe el camino.
Conviene hacer un matiz importante. La Región de Murcia cuenta con grandes empresas familiares que han demostrado que el relevo generacional no solo es posible, sino que puede convertirse en una auténtica ventaja competitiva. Gracias a una planificación adecuada y a la incorporación de nuevas generaciones, muchas de ellas continúan creciendo y son hoy un ejemplo de estabilidad, innovación y visión de futuro.
El verdadero desafío se concentra, sobre todo, en miles de pequeños comercios, talleres, negocios de proximidad y empresas familiares de menor tamaño. Es ahí donde el relevo resulta más complejo y donde, en demasiadas ocasiones, una empresa rentable acaba cerrando simplemente porque nadie recoge el testigo.
No es una percepción, es una realidad. Solo en la Región de Murcia, el Instituto de Fomento ha impulsado en los últimos años procesos de relevo generacional en decenas de empresas familiares, movilizando cientos de miles de euros de inversión y contribuyendo a preservar cerca de 2.000 puestos de trabajo. Son cifras que demuestran que asegurar la continuidad de nuestras empresas no es solo una cuestión familiar; es una decisión con un enorme impacto económico y social.
Y aquí aparece una oportunidad que pocas veces ponemos sobre la mesa.
Durante años hemos transmitido que emprender consiste únicamente en crear algo desde cero. Y claro que necesitamos nuevas empresas, nuevas ideas y personas capaces de revolucionar sectores enteros. Esa seguirá siendo una de las grandes fortalezas de cualquier economía moderna.
Pero existe otra forma de emprender que merece el mismo reconocimiento.
Tomar el relevo de una empresa que ya funciona también es emprender.
Es asumir riesgos.
Es invertir.
Es innovar.
Es modernizar procesos.
Es abrir nuevos mercados.
Y, sobre todo, es respetar el esfuerzo de quienes dedicaron décadas de su vida a construir un proyecto que sigue teniendo mucho recorrido. No hablamos de mirar al pasado, sino de aprovecharlo para construir el futuro.
Cada empresa que desaparece por falta de relevo supone mucho más que un cierre. Desaparece empleo, conocimiento, relaciones comerciales y una parte del patrimonio económico que tanto esfuerzo ha costado levantar. Pero me gusta pensar que este no es un problema. Es una oportunidad.
Porque quizá haya un joven con ilusión buscando una idea de negocio mientras, a pocos kilómetros, un empresario busca a alguien en quien confiar toda una vida de trabajo. Quizá ambos todavía no lo saben... pero se están buscando.
Nuestro reto como sociedad es conseguir que ese encuentro sea cada vez más fácil. Las administraciones pueden ayudar, las organizaciones empresariales también y los centros de formación tenemos la responsabilidad de despertar ese espíritu emprendedor que no entiende únicamente de crear empresas, sino también de hacerlas crecer.
Necesitamos más emprendedores.
Los que inventen lo que todavía no existe.
Y también los que sean capaces de dar una segunda vida a lo que ya funciona.
Porque emprender no siempre consiste en empezar desde cero.
A veces, la mejor decisión es coger el testigo, aportar nuevas ideas y demostrar que los grandes proyectos no terminan cuando su fundador se jubila.
Simplemente comienzan una nueva etapa.
Me gustaría que, dentro de unos años, cuando un joven diga: "Quiero emprender", no piense únicamente en un folio en blanco, un préstamo o una persiana recién instalada.
Me gustaría que también pensara en esa empresa que lleva treinta o cuarenta años levantando la persiana cada mañana.





