Cuando el planeta respira. Cómo afecta la vulcanología
Hace calor. En Murcia. En verano. Hay días de 40 grados.
Eso casi nunca ha pasado: el cambio climático. Como hubiera dicho mi abuela paterna, que en paz descanse: «cambio, hostias, calor en verano siempre ha hecho». ¿Nos hemos pasado de emisiones y por eso…? Ni de coña.
Pero mientras los vende-crecepelo climáticos hablan del palo de hockey y de que tu vehículo diesel en el centro de Murcia, creo que es preceptivo hablar y traer dos eventos vulcanológicos ocurridos en los últimos dos siglos que han afectado más al clima que toda la soga verde: Dos erupciones separadas por 139 años. Una enfrió el mundo, a finales del siglo XIX. La otra lo calienta, desde 2022. Ambas nos recuerdan que la Tierra sigue viva y que respira. Y cuando tose, se extinguen los dinosaurios o comienza una nueva glaciación.
Dos volcanes, dos planetas distintos
El 15 de enero de 2022, un volcán submarino en el Pacífico Sur desgarró la corteza terrestre con una violencia que los instrumentos modernos jamás habían registrado.
Hunga Tonga–Hunga Ha’apai no era un volcán cualquiera: su erupción inyectó 150 megatoneladas de vapor de agua directamente a la estratosfera. El vapor de agua es el responsable de que la atmósfera tenga un efecto invernadero, que de no tenerlo, sería como Marte y no habría vida posible.
139 años antes, el 27 de agosto de 1883, Krakatoa había pulverizado una isla entera en el estrecho de Sonda. Sus cenizas tiñeron los atardeceres de medio mundo de un rojo imposible durante meses. El planeta (realmente hablamos de la atmósfera terrestre) se enfrió 0.5°C.
![[Img #13544]](https://elnuevodigitalmurcia.es/upload/images/07_2026/7117_volcan.jpg)
Dos monstruos geológicos. Mecanismos opuestos. Una misma advertencia.
Hunga Tonga, el calentador: 150 Megatoneladas de vapor de agua, se incrementó un 10% el total de vapor de agua presente en la estratosfera. 58 km de altura de la columna eruptiva. Mayor explosión submarina jamás registrada. Los efectos del volcán serán apreciables durante al menos los siguientes cinco años. Al menos hasta 2027.
2022 Mayor explosión submarina jamás registrada
Lo que hace única a la erupción de Hunga Tonga no es solo su potencia — comparable a Krakatoa — sino qué expulsó. A diferencia de la mayoría de erupciones volcánicas, que liberan dióxido de azufre y cenizas que bloquean la luz solar, Hunga Tonga era un volcán submarino. El magma sobrecalentado vaporizó instantáneamente el agua del océano, lanzándola directamente a la estratosfera. Aumento medio de 0,035ºC en todo el hemisferio norte. El vapor de agua es el gas de efecto invernadero más potente del planeta. Y allí sigue, cuatro años después.
«La erupción de Hunga Tonga cambió la composición química de la estratosfera como ningún otro evento en la era de los satélites.» — Organización Meteorológica Mundial (WMO), 2025
Krakatoa El enfriador
Krakatoa operó con la receta volcánica clásica: cenizas, aerosoles de azufre, oscuridad. La explosión — escuchada a casi 5.000 kilómetros — pulverizó la isla y formó una caldera submarina. Las partículas de sulfato en la estratosfera reflejaron la radiación solar de vuelta al espacio. El planeta se sumió en un «invierno volcánico». Los atardeceres se volvieron incandescentes: rojos sangre, naranjas imposibles. William Ashcroft pintó cientos de ellos. Edvard Munch, se dice, vio uno en Oslo y pintó El Grito. Mary Shelley dicen que escribió Frankenstein inspirada en el color rojo sangre de los atardeceres de ese verano.
«Las erupciones tropicales pueden afectar el sistema climático global: la nube volcánica se extiende a ambos hemisferios.» — Estudios climáticos de la erupción de Krakatoa, 1883
La paradoja
Un volcán enfría el planeta. Otro lo calienta. Ambos, con magnitudes comparables, son los eventos volcánicos más potentes desde el Tambora de 1815. Pero actúan con mecanismos opuestos.
Krakatoa lanzó un velo de azufre que reflejó la luz solar. Hunga Tonga lanzó una manta de vapor que la atrapa.
Mientras el mundo debate las emisiones antropogénicas y las cumbres del clima se suceden, la Tierra ejecuta su propia geopolítica atmosférica. Sin diplomacia. Sin aviso. Sin negociación.
Lo que el volcán nos dice: ¿Cuánto es nuestro y cuánto es del planeta?
La erupción de Hunga Tonga inyectó más vapor de agua en la estratosfera del que la humanidad había registrado jamás en un solo evento. Ese vapor — el gas de efecto invernadero más potente — sigue allí, calentando sutilmente el planeta, cuatro años después. En 2023 y 2024, los récords de temperatura global se sucedieron uno tras otro. Parte de ese calor extra tiene nombre propio: Hunga Tonga.
Esto subraya lo frágil que es el equilibrio. La naturaleza tiene sus propios mecanismos, y cuando uno se activa, los márgenes que creíamos tener se estrechan. Pero Hunga Tonga nos recuerda que el planeta está vivo y tiene sus propias reglas.
Krakatoa enfrió el mundo en 1883 y nos regaló atardeceres imposibles. Hunga Tonga lo calienta desde 2022 y nos regala una pregunta: si un solo volcán submarino puede alterar la química de la estratosfera global durante años, ¿qué margen de error nos queda?. ¿Qué de cierto es que tu vehículo diesel es el culpable del cambio climático?
El óptimo medieval supuso un incremento muy importante de temperaturas en el hemisferio norte que generó cosechar récord en toda Europa. Las temperaturas entonces eran superiores a las actuales. ¿nos creemos a los que nos hablan de consenso?. La ciencia no se basa en el consenso que es un criterio político. Si Galileo Galilei hubiese creído en el consenso, probablemente seguiríamos pensando que la tierra es plana. La ciencia se basa en la experimentación y la experimentación geológica nos predice que probablemente estemos más cerca de lo que creemos de la nueva glaciación, pero eso será tema para otro artículo.
Piensen, verifiquen. A ser posible, no por fuentes oficiales. Ellos les hablarán de consenso y de que paguemos por el CO2 que emitimos. Solo necesitan un euro digital para hacernos pagar por el CO2 que nosotros mismos emitimos, pero eso, no va a pasar.



