Paracuellos, cuando la 'memoria democrática' tiene carné de partido
Hay decisiones políticas que, más que una resolución administrativa, constituyen una declaración de principios. La negativa del Gobierno de Pedro Sánchez a reconocer a las históricas cunetas de Paracuellos del Jarama como Lugar de Memoria Democrática transmite un mensaje tan demoledor como inquietante: en España parece haber muertos de primera y muertos de segunda; víctimas dignas de homenaje y víctimas condenadas al olvido.
Resulta difícil encontrar un ejemplo más evidente del sectarismo con el que el sanchismo ha convertido la 'Memoria histórica' en un instrumento de pura venganza y de confrontación política. Porque la memoria, cuando deja de ser un ejercicio de verdad y reconciliación para convertirse en un arma ideológica, deja de ser memoria para transformarse en mera propaganda partidista.
Entre noviembre y diciembre de 1936, miles de presos fueron sacados de las cárceles madrileñas y ejecutados en las inmediaciones de Paracuellos del Jarama y Torrejón de Ardoz. Aquellas matanzas -conocidas como las 'sacas de presos'- constituyen uno de los episodios más trágicos y sangrientos de la Guerra Civil española. Historiadores de distintas sensibilidades coinciden en la magnitud de la tragedia, aunque mantienen discrepancias sobre las responsabilidades políticas concretas y la cadena exacta de mando que permitió aquellos crímenes.
Lo que nadie puede discutir es que miles de seres humanos -unos seis mil- fueron asesinados sin juicio, sin defensa y sin la más mínima garantía jurídica. Sacerdotes, militares, profesionales, estudiantes, civiles e incluso niños... personas cuya única condena fue encontrarse en el bando equivocado cuando España se precipitaba hacia el abismo.
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Y, sin embargo, para este Gobierno esas víctimas parecen carecer de la 'relevancia histórica' suficiente para merecer un reconocimiento institucional. Resulta difícil imaginar una expresión más ofensiva para los descendientes de quienes fueron ejecutados. ¿Desde cuándo la dignidad de una víctima depende del color político de quien la asesinó...?
El Ejecutivo presume de defender a ultranza la 'Memoria democrática' mientras practica una memoria selectivamente cicatera y vengativa que exige recordar legalmente unos crímenes, pero invita a pasar de puntillas sobre otros; condena unas barbaridades mientras relativiza las que resultan incómodas para el relato ideológico de la izquierdas socialcomunistas.
La verdadera democracia no consiste en dividir a los muertos entre buenos y malos. Consiste en reconocer que toda víctima inocente merece el mismo respeto, independientemente de quién empuñara el arma o de qué bandera ondeara sobre los verdugos.
Especialmente llamativo resulta el silencio respecto al papel desempeñado por Santiago Carrillo, entonces responsable de Orden Público de la Junta de Defensa de Madrid. Varías décadas después, el debate historiográfico continúa abierto sobre el grado exacto de su responsabilidad directa en aquellas ejecuciones. Lo que permanece fuera de toda duda es que aquellas matanzas se produjeron bajo la autoridad de las instituciones republicanas que administraban Madrid en aquellos días, y que nunca se esclarecieron plenamente todas las responsabilidades de los autores.
Pero el Gobierno de Sánchez no parece interesado en impulsar una memoria completa. Prefiere una historia fragmentada, cuidadosamente seleccionada para alimentar un determinado discurso político. Es la memoria convertida en ministerio de propaganda; la historia escrita con tijeras, donde se recorta todo aquello que incomoda al poder.
La reconciliación nacional que hizo posible la 'Transición' se construyó sobre una idea sencilla pero profundamente democrática: todas las víctimas merecen compasión y ningún crimen debe justificarse por razones ideológicas. Hoy, desgraciadamente, asistimos al proceso inverso. Se reabren heridas, se clasifican los muertos y se utiliza el pasado como arma arrojadiza para dividir a los españoles.
Negar la relevancia histórica de Paracuellos no borra lo sucedido. Lo único que consigue es desacreditar moralmente a quienes dicen defender la memoria democrática mientras practican el olvido selectivo.
Porque la memoria que discrimina deja de ser memoria y se convierte en propaganda. Y un Gobierno que decide qué víctimas merecen ser recordadas y quienes deben permanecer enterradas en el silencio no está escribiendo la historia: está intentando apropiarse de ella. Las víctimas de Paracuellos no necesitan el permiso del Gobierno para formar parte de la historia de España. Ya ocupan ese lugar por derecho propio. Quienes sí pasarán a la historia serán aquellos gobernantes que -por sectarismo ideológico- han confundidi la memoria con la propaganda y la justicia con el revanchismo.
Esa será, probablemente, la 'verdadera memoria' que dejarán tras de sí y que la HISTORIA (con mayúsculas) nunca olvidará.
Linkedin: Pedro Manuel Hernández López



