
El diseño y los materiales del empaquetado han dejado de ser una mera cuestión de marketing para convertirse en un factor crítico de ventas en el lineal. Según el Barómetro de Sostenibilidad 2026 —elaborado por la asociación empresasrial AECOC Shopperview en colaboración con Checkpoint Systems, Lidl, Natulim y Smurfit Westrock—, cuatro de cada diez consumidores ya han dejado de adquirir un producto de consumo al considerar que su envase no era respetuoso con el medio ambiente, porcentaje al que se suma un 33% que admite haber valorado hacerlo en alguna ocasión.
Esta presión ambiental impacta en los resultados y en las estrategias de la gran distribución, obligando a fabricantes y supermercados a adaptar su oferta a unos nuevos hábitos de compra. Los datos del informe reflejan un cambio de mentalidad claro en el mercado impulsado por su impacto en las ventas, donde siete de cada diez clientes reconocen que el formato del envase influye directamente en su decisión final de compra. A esto se suma la disposición al cambio para reducir la generación de residuos y la preferencia por artículos con menos embalaje y etiquetado transparente sobre su impacto sostenible.
Junto a la crisis de los plásticos, la reducción del desperdicio de alimentos se ha consolidado como otra prioridad. Actualmente, el 97% de los usuarios procura comprar estrictamente lo necesario para evitar tirar comida, una tendencia impulsada tanto por el ahorro económico frente a la inflación (54%) como por la concienciación ecológica (43%).
Para dar respuesta a este doble reto de rentabilidad y sostenibilidad, el sector alimentario está acelerando su digitalización mediante la adopción de herramientas de trazabilidad basadas en tecnología RFID —identificación por radiofrecuencia—. Sistemas como RFreshID dotan a cada bandeja o producto de una identidad digital única, permitiendo a los distribuidores conocer en tiempo real el estado de los artículos frescos y detectar de forma automatizada aquellos próximos a su fecha de caducidad.
Esta visibilidad de la cadena de suministro permite aplicar estrategias de precios dinámicos, mejorar la rotación del stock y evitar el coste económico que supone el desperdicio alimentario para las superficies comerciales.
Tal y como señala Cristina Rodrigo, directora de Checkpoint Systems en Iberia, “la sostenibilidad ya no depende únicamente del material del envase, sino de la información que somos capaces de obtener de él durante todo su ciclo de vida”. La digitalización del inventario se perfila así como la herramienta clave para impulsar la economía circular, rentabilizar los recursos de las empresas y dar respuesta a las exigencias regulatorias y del nuevo consumidor.





