Viernes, 24 de Julio de 2026
Diario de Economía de la Región de Murcia
OPINIÓNNegra sombra. Luz Casal y las ausencias que siempre están presentes
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Rafael García-Purriños

Negra sombra. Luz Casal y las ausencias que siempre están presentes

 

Llevo muchos años viviendo en Murcia. Aquí he encontrado mi casa, mi trabajo y una vida que quiero profundamente. Mi mujer y mi hija son murcianas, y nada me hace tan feliz como haber construido aquí una familia. Antes viví también en Callosa d'En Sarrià y en Salamanca. La vida me ha regalado mucho más de lo que podía imaginar cuando, siendo un niño, salí de Galicia. Nunca me he sentido un extraño en ninguna de esas tierras; al contrario, todas forman parte de quien soy. Pero hay cosas que uno no deja atrás por muchos kilómetros que recorra. Galicia, sobre todas.

 

En 1880, Rosalía de Castro publicó en Follas novas un poema bellísimo. Años después, el compositor Xoan Montes le encontró una melodía tan perfecta que cuesta imaginar que alguna vez hubieran podido existir separados. Se trata de Negra Sombra.

 

Rosalía nunca nos dice qué es exactamente esa sombra. Hay quien encuentra en esos versos el recuerdo de un amor perdido. Otros ven la muerte. Otros hablan de la tristeza, de la memoria o de la melancolía. Yo, quizá porque llevo muchos años viviendo lejos de mi tierra, siempre he creído que esa sombra también puede tener forma de orballo. Del rumor del Atlántico golpeando contra las rocas. De las brumas y de la hierba húmeda por las mañanas. Del maíz apoyado en las paredes de un hórreo. Del abuelo Valentín dando los buenos días. Del olor de los eucaliptos. Del blanco azulado de las hortensias. De los colores y las luces del anochecer. Del resplandor de la Vía Láctea. Del sonido de una gaita que llega desde lejos. De mi padre cantando con sus hermanos canciones tradicionales. De los innumerables tonos de verde y de azul.

 

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Todos hemos convivido alguna vez con una ausencia que nunca termina de marcharse. Y eso es la Negra Sombra: la presencia constante de una ausencia. Y por eso esta canción solo podía haber nacido en Galicia.

 

Porque Galicia ha construido su historia alrededor de las ausencias. Durante generaciones vio partir a sus hijos hacia Cuba, Argentina, Uruguay o Venezuela con una maleta de cartón y la esperanza de regresar algún día. Después llegaron Alemania, Francia, Suiza, Cataluña, Madrid... Algunos volvieron. Otros no pudieron.

 

También está el mar. Ese océano inmenso, generoso y cruel que ha alimentado a miles de familias y que, al mismo tiempo, se ha cobrado el precio en vidas. Cada pueblo guarda historias de barcos que no regresaron, de hombres que salieron a faenar y nunca volvieron a cruzar la puerta de casa. De rosas rojas arrojadas al mar.

 

Rosalía nunca necesitó explicar qué era aquella sombra. Los gallegos la entendieron desde el primer momento. Podía ser la persona que emigró y nunca volvió. El marinero perdido en el océano. La casa familiar cerrada para siempre. Un bosque reducido a cenizas. Un amor perdido. O simplemente la infancia.

 

En Galicia existe una palabra que nadie ha conseguido traducir: morriña. Se suele decir que significa nostalgia, pero es mucho más que eso. La nostalgia consiste en echar de menos un lugar o un tiempo. La morriña es sentir que una parte de uno mismo sigue viviendo allí.

 

Todos los años procuro despedir el verano con una queimada en La Manga. Mientras el fuego va consumiendo el aguardiente y pronuncio las palabras del conjuro, invoco a todos aquellos que no están presentes. A los amigos que la vida llevó a otros lugares. A quienes viven lejos. A los familiares que se fueron. A los que están vivos físicamente, y a quienes habitan ya para siempre nuestra memoria. También a esa parte de nosotros mismos que se ha quedado en los lugares donde fuimos felices. Mientras las llamas bailan con ese extraño color azul, hay una canción que no suena y, sin embargo, está presente. Negra sombra.

 

Cada generación ha sentido la necesidad de volver a interpretarla, de apropiarse de ella con el máximo respeto, como si cada músico supiera que estaba entrando en un lugar casi sagrado. La versión de Amancio Prada, el cantor de Rosalía, es de una enorme delicadeza.

 

Distinta, pero igualmente emocionante, es la lectura instrumental de Milladoiro. Allí desaparecen las palabras y, sin embargo, siguen sonando. Quien conoce el poema acaba cantándolo por dentro casi sin darse cuenta. Como si los versos fueran ya tan inseparables de su melodía que continúan vivos incluso cuando nadie los pronuncia. Pocas veces una ausencia resulta tan elocuente. No podía ser de otra manera. Porque de eso habla Negra Sombra: de una ausencia que permanece tan intensamente presente que ya no necesita palabras para hacerse sentir.

 

Y luego está la interpretación de Carlos Núñez junto a Luz Casal. Que produce esa sensación de estar ante algo que llevaba más de un siglo esperando a ser interpretado de esa manera.

 

Uno nunca deja del todo el lugar donde nació. Se lleva consigo palabras y acentos, la manera de reaccionar ante la lluvia, olores, comidas, recuerdos... y también sonidos.

 

Llevo muchos años en Murcia. Sé que mi hogar está donde están mi mujer y mi hija. Pero también sé que cada vez que escucho los primeros compases de Negra sombra, regreso, durante unos minutos, al lugar donde todo empezó. Donde nací, donde vive una parte de mí. Donde, algún día, quisiera que mis cenizas descansaran para siempre.

 

Linkedin: Rafael García-Purriños

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