Lunes, 24 de Agosto de 2026
Diario de Economía de la Región de Murcia
OPINIÓNLo que nuestros menores ven: el moldeado silencioso de sus mentes
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Aquilino García

Lo que nuestros menores ven: el moldeado silencioso de sus mentes

 

Desde mi último artículo sobre Bud Bunny y la moralidad dispersa, muchos lectores me han enviado temáticas igualmente tóxicas y sin valores, alternativos. Tuve que ver y leer hasta 10 veces la canción de Bud Bunny para escribir el artículo, una tortura imposible. Como parece que nadie se atreve a volver a ver películas y canciones tóxicas, me dejan a mi la responsabilidad y que me duela a mí la cabeza.

 

Debo decir que no pensaba pagar por ver un bodrio como «K-Pop Demon Hunters». Agradezco al usuario de Youtube https://www.youtube.com/@MuhammadJalaluddin-m5v que troceó la pelicula en 50 trozos de menos de 2 minutos y me ha permitido verla. Y sí, es un bodrio, pero es algo mucho más peligroso que está focalizada en cosificar al hombre, distorsionar las relaciones personales y transmitir valores de dominación y de violencia.

 

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No me corresponde a mi moralizar a los demás, qué leches, es responsabilidad de todos luchar contra los ídolos y cadenas de pensamiento que nos imponen. Sí, nos imponen. La canción de Bud Bunny debería desaparecer de las cadenas de radio o aplicaciones como Spotify. Los mansos, somos también responsables de la basura que tragamos, nosotros y nuestros hijos. Basta ya de basura.

 

La premisa que nadie quiere admitir

 

Todo lo que vemos en las pantallas modifica nuestro pensamiento. No es una opinión: es el resultado de décadas de investigación en psicología del media.

 

El efecto no es dramático ni inmediato, sino acumulativo y sutil: cada imagen, cada canción, cada relación que consumimos desplaza, grado a grado, nuestras expectativas sobre qué es normal, qué es aceptable, qué es deseable (la ventana de Overton, vamos). En un adulto con el esquema ya formado, el efecto es un matiz, perverso, pero al menos es su responsabilidad. En un menor de 10 años, cuyo cerebro aún está construyendo ese esquema, el efecto no es un matiz: es el molde.

 

No estamos “entreteniendo” a nuestros hijos. Estamos, sin darnos cuenta, delegando la formación de sus mentes en manos de productores de contenido que optimizan para una sola métrica: la retención. Y lo que ese contenido les está moldeando merece un examen serio.

 

El precedente: lo que los estudios dicen de Fifty Shades of Grey

 

Empecemos por un caso documentado. La saga Fifty Shades of Grey es el ejemplo más estudiado de cómo un contenido de masas pinta la violencia de pareja como romance.

 

El análisis de contenido de Bonomi y cols. (2013, Journal of Women’s Health) concluyó que el libro reproduce, según la definición del propio CDC, patrones de violencia de pareja: abuso emocional en casi cada interacción (acoso, intimidación, aislamiento, humillación) y violencia sexual (uso de alcohol, presión). El desequilibrio de poder es “coherente con las definiciones nacionales de violencia de pareja”.

 

Y el efecto en el público no es anecdótico. Bonomi y cols. (2014) estudiaron a 655 mujeres de 18 a 24 años: las que habían leído la saga tenían más probabilidad de haber tenido una pareja verbalmente abusiva, de haber recibido llamadas y mensajes no deseados de su pareja, y más riesgo de binge drinking y trastornos de la conducta alimentaria.

 

Altenburger y cols. (2017) añadieron el matiz más inquietante: las lectoras que encontraban el libro “romántico” puntuaban más alto en sexismo hostil. Cuanto más romantizaban el abuso, más actitudes sexistas.

 

Honestidad intelectual: estos estudios son correlacionales, no causales. No se puede afirmar que “leer el libro te hace caer en una relación violenta”. Lo que la evidencia sí documenta con solidez es que el contenido normaliza patrones de abuso, distorsiona el consentimiento y desplaza las expectativas de qué es una relación “normal”. Y eso, aplicado a mentes en formación, es exactamente el mecanismo del moldeado.

 

La escala: K-Pop Demon Hunters no es un film de nicho

 

Aquí es donde el problema deja de ser teórico. KPop Demon Hunters (Netflix, 2025) no es una película para adultos que un menor “se cuela” a ver. Es, según Netflix, la película más vista de la historia de la plataforma: 628 millones de visionados en todo el mundo, 20.500 millones de minutos en EE.UU. (207 millones de reproducciones completas), 26 semanas consecutivas en el Top 10 de Nielsen. Y su clasificación es 10+ (PG en EE.UU.): un contenido pensado para menores. 10+, ¿a qué estamos jugando con nuestros niños?

 

El dato que debería inquietar a cualquier padre: el 48% de la audiencia en EE.UU. tenía entre 2 y 11 años. No estamos hablando de adolescentes de 15 que eligen un contenido arriesgado. Estamos hablando de niños de 8 y 9 años que ven, en bucle, la película más vista de su generación. Y al mismo tiempo fue la película nº1 entre adultos de 18-34 y 35-49: un fenómeno intergeneracional que ha metido este contenido en el centro de la vida familiar.

 

Lo que dicen las letras: un análisis desde los valores y la familia

 

Aquí está el núcleo. Vamos a leer las letras de las canciones del film desde la perspectiva de los valores, y a ver qué modelo de relación entre personas o entre miembros de una familia están cantando a nuestros hijos.

 

“Your Idol” (Saja Boys): el modelo de posesión

 

Esta es la canción del boy band rival —que, en la trama, son demonios—. Y su letra es, literalmente, un manual de la relación parasocial y posesiva:

 

Keeping you in check, keeping you obsessedyou gave me your heart, now I’m here for your soulI’m the only one who’ll love your sinsFeel the way my voice gets underneath your skinYour obsession feeds our connectionLiving in your mind now / Too late ’cause you’re mine nowYou’re down on your knees, I’ma be your idol

 

Leámosla desde los valores: el varón se presenta como el ídolo todopoderoso que toma el alma de la mujer (“now I’m here for your soul”), que la mantiene “bajo control” y “obsesionada”, y cuyo objetivo final es que ella esté “de rodillas”. La obsesión de ella “alimenta la conexión” de él. El dolor y la vergüenza se “mantienen fuera de la vista”. No hay reciprocidad: hay un sujeto que posee y un objeto que es poseído. El “amor” aquí no es un vínculo entre dos personas; es la sumisión de una a la otra.

 

Esto es exactamente el mecanismo que la investigación llama erotic violence (Malamuth, 1980): mezclar excitación y admiración con control y posesión, de modo que la posesión se perciba como amor. Y se lo están cantando, en bucle, a niños de 8 años.

 

“Free” (Rumi & Jinu): el modelo “del enemigo al amante”

 

El romance central del film es el clásico enemy-to-lover: Rumi, la cazadora de demonios, se enamora de Jinu, el demonio que intentó robarle el alma. La canción “Free” es la culminación de ese arco:

 

You say you’re no good, but you’re good for meWhy does it feel right every time I let you in?All the secrets that keep me in chainsAll the damage that might make me dangerousYou got a dark side, guess you’re not the only oneWhat if we heal what’s broken?

 

Desde los valores de familia, el mensaje es grave: la chica aprende que el varón “no es bueno” pero que “es bueno para ella”; que puede “dejarle entrar” cada vez que “se siente bien”; que los “secretos que la encadenan” y el “daño que la hace peligrosa” se resuelven en el vínculo con él; que el “lado oscuro” de él es algo que se “cura” con el amor de ella, no una razón para marcharse. El mensaje implícito para una niña de 10 años: tu amor puede redimir al hombre peligroso; tus límites pueden disolverse ante el romance; el hombre “oscuro” es un proyecto que tú arreglas.

 

Los propios padres lo han señalado: en hilos como r/AskParents, la crítica recurrente es que la relación Rumi–Jinu es “inapropiada e irreal” precisamente por normalizar que una adolescente se enamore de quien intentó manipularla y poseerla.

 

“Golden”: el contrapunto y su trampa

 

Honestidad: “Golden” es un himno de empoderamiento y autoaceptación (“I’m done hiding, now I’m shining like I’m born to be”). No es una canción tóxica. Pero existe dentro del sistema del ídolo K-pop, y ese sistema es el que cosifica: la chica es un “ídolo”, una imagen consumible, “born to be” en el escenario, “no fears, no lies”. El empoderamiento que canta es el empoderamiento de la marca, no el de la persona. Y eso, para una niña que crece viendo a las mujeres como productos a consumir y a los hombres como ídolos que poseen, es la otra cara de la misma moneda.

 

La moralidad dispersa y la cosificación de la mujer

 

El film mezcla, en un mismo producto para menores, acción de caza de demonios, cultura de ídolos K-pop y un romance que normaliza la posesión y el enemy-to-lover. El resultado es una moralidad dispersa: “sé tú misma” (Golden) convive con “déjate poseer por el ídolo” (Your Idol) y “ama al hombre que intentó destruirte” (Free). Para un adulto, es un film con mensajes contradictorios. Para un menor de 10 años, es el molde.

 

Y en el centro de todo está la cosificación de la mujer: en el sistema de ídolos, la mujer es el producto a consumir; en el romance, es el alma a poseer; en la canción del boy band, es la fan de rodillas. El hombre, en cambio, es siempre el sujeto: el ídolo que salva, el demonio que seduce, el varón “oscuro” que se deja amar. La relación hombre-mujer que el film modela no es la de dos personas que se eligen; es la de un sujeto que toma y un objeto que es tomado.

 

Conclusión: a quién le confías la mente de tu hijo

 

No puedes confiar en Netflix. Su modelo de negocio es la retención, no la formación: clasifica el contenido 10+ y lo pone en el centro de la pantalla de un niño de 8 años, y luego se declara orgullosa de ser “la película más vista de la historia”.

 

No puedes confiar en Disney, que ha construido su imperio sobre el mismo principio: moldear la imaginación de los menores para un público de por vida. Y, probablemente, no puedes confiar en el sistema educativo, que debería ser el contrapeso —enseñar alfabetización mediática crítica, enseñar a un niño a cuestionar lo que ve— y que, sin embargo, opera dentro del mismo sistema de valores que el contenido reproduce.

 

La responsabilidad, al final, no la tiene la plataforma ni la escuela: la tiene la familia. Y la familia no puede ejercerla si no sabe qué están viendo sus hijos y qué les están moldeando. Este artículo no es para prohibir una película. Es para que, la próxima vez que un menor de 10 años cante “you’re down on your knees, I’ma be your idol” en el coche, sepas exactamente qué le están enseñando sobre el amor, sobre el hombre y sobre la mujer.

 

Por cierto, quedé empachado y no volveré a ver la película, una vez fue suficiente, aunque debo decir que está cuidadosa mente estudiado qué y cómo afectar para que repitan: «plan, plan, plan, es un plan, plan, plan …». Ni esta ni otras del mismo corte. Hoy dejar a nuestros niños delante de pantallas es dejar que otros moldeen sus mentes y les conviertan en objetos del sistema. Debo decir que por los mensajes recibidos, es quizás peor que vean Disney Plus. No dejen a sus niños delante de Netflix, Disney ni Radiotelevisión Espantosa.

 

Linkedin: Aquilino García

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