Viernes, 28 de Agosto de 2026
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OPINIÓNDolly Parton y el arte de devolver lo recibido
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Rafael García-Purriños

Dolly Parton y el arte de devolver lo recibido

 

Mi primer recuerdo de Dolly Parton es un single que compró mi hermano cuando yo era niño, y que enlaza su figura con mi otra pasión además de la música, el derecho laboral: 9 to 5. La escribió para la película del mismo título, en España llamada Cómo eliminar a su jefe, que supuso además su debut como actriz.

 

La canción fue nominada al Oscar y ganó dos premios Grammy. Pero quizá lo más interesante es que aquel 9 to 5 no era solamente la jornada laboral americana por excelencia. Era también el nombre de una organización creada en 1973 por mujeres trabajadoras de oficinas que comenzaron a organizarse para reclamar igualdad salarial, mejores condiciones laborales y un trato digno.

 

Dolly consiguió convertir aquella reivindicación en una canción alegre, pegadiza, festiva. Hablaba de madrugar, de trabajar demasiado, de cobrar demasiado poco y de pasar la vida llenando los bolsillos de otros. Era una canción sobre el trabajo, pero también sobre la dignidad.

 

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Porque debajo de aquel peinado imposible, de los vestidos brillantes, del maquillaje exagerado y de aquella imagen que parecía diseñada para que nadie la tomara demasiado en serio, había una mujer extraordinariamente inteligente. Una compositora formidable. Una empresaria con una enorme capacidad para construir su propio camino. Y, sobre todo, una persona generosa, y una mujer que nunca olvidó de dónde venía.

 

Dolly nació en 1946 en las montañas del este de Tennessee, en una familia muy pobre. Fue una de doce hermanos. Su padre no sabía leer ni escribir. Ella aprendió muy pronto que la educación podía cambiar una vida, quizá porque había visto en su propia casa lo que ocurría cuando esa oportunidad no existía. Por eso, cuando tuvo dinero, no se limitó a comprar una casa más grande o un coche más caro.

 

En 1988 creó la Dollywood Foundation para ayudar a los niños de su condado natal. Uno de sus primeros programas prometía 500 dólares a estudiantes de séptimo y octavo curso si terminaban el instituto, para financiar sus estudios universitarios. El abandono escolar de aquellos grupos cayó del 35% al 6%. Pero Dolly todavía quería ir más lejos.

 

En 1995 nació la Imagination Library, inicialmente para los niños de su propio condado. La idea era enviar gratuitamente un libro cada mes a cada niño menor de cinco años. Lo que comenzó como una iniciativa local terminó extendiéndose a Estados Unidos, Canadá, Reino Unido, Australia e Irlanda. La organización ha enviado ya más de 270 millones de libros.

 

Su padre no sabía leer. Y ella decidió que ningún niño debería crecer sin tener un libro entre las manos si podía evitarlo.

 

Dolly aceptó con orgullo el sobrenombre que le pusieron los niños: The Book Lady. Su padre, contaba ella, estaba más orgulloso de aquello que de que su hija se hubiera convertido en una estrella.

 

Podía haber construido una carrera alrededor de sí misma y, sin embargo, construyó también una carrera alrededor de los demás. Y eso no significa que su faceta artística sea menos extraordinaria. Todo lo contrario.

 

Dolly Parton fue una de las grandes compositoras de la música popular estadounidense. Escribió Jolene. Escribió 9 to 5. Escribió I Will Always Love You, una canción que nació en 1973 como despedida de Porter Wagoner cuando decidió abandonar su programa y emprender su carrera en solitario. Años después Whitney Houston la llevó al pop y la convirtió en una de las canciones más famosas de la historia.

 

Dolly nunca entendió el country como una frontera. Trio, el extraordinario álbum que grabó en 1987 junto a Emmylou Harris y Linda Ronstadt, es un ejemplo magnífico. Tres mujeres, tres carreras enormes y tres voces que parecían hechas para encontrarse. El disco ganó el Grammy y demostró que aquella música podía trascender perfectamente las etiquetas. Podía cantar country, pop o gospel, sin dejar de ser Dolly Parton.

 

También grabó con Kenny Rogers Islands in the Stream, convirtió Here You Come Again en un éxito pop y terminó llegando incluso al Rock and Roll Hall of Fame.

 

Y mientras todo eso sucedía, siguió haciendo algo que quizá sea más difícil para ella que escribir una buena canción: seguir sirviendo a los demás.

 

Durante la pandemia donó un millón de dólares al Vanderbilt University Medical Center para investigación relacionada con la vacuna contra la covid. También destinó millones de dólares a ayudar a las familias afectadas por los incendios de 2016 que devastaron su región natal.

 

Dolly Parton demuestra que no hay que elegir entre belleza e inteligencia. Entre feminidad y ambición sana. Entre ganar dinero y utilizarlo para hacer algo bueno. Entre ser una estrella y conservar las raíces.

 

Durante décadas siguió escribiendo canciones, haciendo negocios, construyendo proyectos y abriendo puertas. Y demostrando que el éxito alcanza su verdadera dimensión cuando deja de ser solamente aquello que consigues para ti y empieza a convertirse en aquello que puedes hacer por los demás.

 

Descanse en paz la gran Dolly Parton, una mujer que entendió que llegar lejos no significa lo mismo que alejarse.

 

Linkedin: Rafael García-Purriños

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