Las fronteras también se financian
Hay palabras que, repetidas hasta la saciedad, terminan adquiriendo una respetabilidad que no siempre merecen. 'Solidaridad','sociedad civil', 'humanitarismo', 'derechos humanos' son todos conceptos nobles que dejan de serlo cuando se utilizan como coartada para una determinada y obscurentista ingeniería política.
El caso de la ONG 'No Name Kitchen' resulta altamente revelador.
No estamos simplemente ante una organización que reparte alimentos, ropa o asistencia a personas migrantes. La propia 'NNK' se define como un movimiento que combina 'ayuda humanitaria y acción política', con el propósito de transformar las fronteras europeas. Entre sus herramientas figuran los litigios estratégicos y la presión para modificar las políticas migratorias.
Todo es perfectamente legítimo. En democracia cada cual puede defender la política migratoria que considere conveniente.
Pero entonces llamemos a las cosas por su nombre porque esto no es solamente asistencia humanitaria, pues es también 'activismo político'.
Y cuando ese activismo llega a los tribunales, interviene en campañas públicas y pretende modificar las reglas que regulan la entrada en un Estado, ya estamos ante algo bastante más trascendente que repartir bocadillos.
El pasado julio, el Tribunal Supremo estableció que -el llamado 'rechazo en frontera'- no puede ni debe aplicarse a determinadas personas interceptadas intentando entrar a nado en Ceuta y Melilla y, que deben respetarse las garantías legales correspondientes. Es una resolución judicial que, naturalmente, debe cumplirse.
Pero existe otra cuestión que merece debate: ¿quién financia a las organizaciones que impulsan litigios destinados a cambiar el modelo fronterizo europeo...?
Aquí ya aparece un dato documentado que conviene poner sobre la mesa: 'Guerrilla Foundation' concedió a 'No Name Kitchen' una ayuda de 16.500 euros en 2023. La propia fundación explica que financia activistas y movimientos destinados a producir cambios sistémicos y desafiar estructuras de poder.
¿Esto es ilegal? No. ¿Demuestra por sí mismo una conexión financiera con George Soros..? Tampoco. Y conviene decirlo claramente, porque una acusación sin pruebas termina debilitando cualquier crítica legítima.
Sí sabemos, en cambio, que G.Soros ha construido una enorme red filantrópica internacional a través de su 'Open Society Foundations', dedicada a promover determinadas concepciones políticas, sociales y jurídicas.
'NNK' está actualmente en Ceuta prestando asistencia a personas -llegadas durante la reciente 'invasión híbrida'- y promoviendo un 'centro comunitario' para migrantes. La propia organización presenta ese proyecto como un espacio de "resistencia, autonomía y comunidad".
Y aquí está la cuestión esencial. Dar de comer a una persona hambrienta es 'humanidad', pero intentar modificar --con activismo, litigios y financiación privada-- las políticas de fronteras de un Estado, eso ya es 'política' pura y dura.
Aunque ambas actividades pueden coincidir en una misma organización, lo que no es de recibo ni aceptable es presentar exclusivamente la segunda como si fuera la primera.
Porque entonces ocurre algo muy perverso: quien defiende el control de las fronteras aparece convertido en insensible, racista y xenofobo, mientras que quien pretende 'desdibujarlas' obtiene automáticamente el certificado de superioridad moral.
Y eso merece ser discutido pública y seriamente, no porque una ONG no tenga derecho a defender sus ideas, pues lo tiene, sino porque la democracia exige transparencia sobre quién financia las ideas cuando esas ideas pretenden transformar las leyes de un Estado.
Las fronteras no son un problema ni una anomalia que deba ser resuelto por activistas. Son una consecuencia elemental de la existencia de Estados soberanos y libres.
Un Estado puede decidir ser más abierto o más restrictivo; puede reformar sus leyes; puede ampliar el asilo o endurecer el control migratorio... pero esas decisiones deben adoptarse mediante los procedimientos políticos legales y democráticos correspondientes, no mediante una combinación de presión mediática, litigios estratégicos y dinero privado --cuyo origen y destino-- el ciudadano tiene derecho a conocer.
Y aquí aparece el verdadero debate sobre G. Soros --el 'generoso' y 'filántropo' universal-- y sus grandes redes internacionales.
No se trata de demonizar a un multimillonario, por serlo. Se trata de preguntarse hasta dónde puede llegar el poder de quien dispone de recursos -prácticamente ilimitados- para impulsar determinadas y tendenciosas causas políticas sin haber recibido un solo voto.
Porque el poder moderno ya no necesita ocupar un Ministerio...
Porque puede financiar organizaciones...
Porque puede impulsar muchas campañas de intencionalidad dudosa...
Porque puede sufragar largos y costosos litigios...
Porque puede promover determinadas ideas...
Y porque puede esperar a que esas ideas terminen convertidas en actuaciones directas y en decisiones judiciales o políticas.
Eso no es una conspiración. Es puro poder, en su más amplio sentido. Y el poder -venga de un Gobierno, de un partido, de un magnate o de una fundación internacional- debe someterse siempre a una misma pregunta:
¿Quién te ha elegido para decidir por nosotros...?
Ya que, cuando la política se financia con dinero privado, lo mínimo que merece un Estado democrático es transparencia, escrutinio y cero reverencia ante los nuevos filántropos con vocación de legisladores.
Es posible, que detrás de una frontera abierta, se encuentren personas necesitadas.
Pero detrás de quienes quieren abolir las fronteras también hay siempre algo mucho más poderoso: 'dinero, ideología y poder'.
Linkedin: Pedro Manuel Hernández López



