
Empezar el mes en números rojos antes de atender al primer cliente se ha convertido en la norma para miles de trabajadores por cuenta propia en España. La escalada combinada del mercado residencial y de los locales comerciales ha consolidado el fenómeno del “doble alquiler”, una tenaza financiera que amenaza con desmantelar el tejido comercial tradicional en las ciudades.
Esta asfixia castiga especialmente a negocios que dependen de un escaparate a pie de calle y no pueden refugiarse en el teletrabajo, como peluquerías, talleres mecánicos, librerías, fruterías y bares. La secretaria general de UATAE, María José Landaburu, advierte de que los costes fijos han alcanzado niveles inasumibles que un pequeño establecimiento ya no puede compensar ni echando más horas ni ajustando sus márgenes.
El impacto va más allá del balance de cuentas y altera la propia fisonomía de los barrios: la desaparición de los negocios de toda la vida acelera su sustitución por franquicias impersonales o deja locales clausurados durante meses a la espera de fondos capaces de pagar rentas desorbitadas, rompiendo la identidad y la cohesión vecinal.
A esta barrera se suma el muro financiero para los nuevos emprendedores, obligados a desembolsar miles de euros en avales, fianzas y reformas antes de iniciar su actividad. Para revertir la sangría, UATAE exige medidas de choque urgentes, como la intermediación municipal, la movilización de inmuebles vacíos a precios razonables y la cesión prioritaria del patrimonio inmobiliario público.
La organización reclama además que los planes de vivienda contemplen la realidad de los autónomos y no los penalicen por tener ingresos variables, alertando de que una urbe que no garantiza un techo asequible a sus trabajadores termina expulsando también los servicios esenciales que la mantienen viva.





