Viernes, 04 de Septiembre de 2026
Diario de Economía de la Región de Murcia
OPINIÓNYosi. El cantor de la tristeza y de los perdedores
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Rafael García-Purriños

Yosi. El cantor de la tristeza y de los perdedores

 

A finales de los años setenta, mientras las discográficas buscaban grupos modernos y desenfadados, cuatro chavales de Ourense decidieron seguir un camino completamente distinto. Los Suaves sonaban a lluvia gallega, a niebla y bosque, a fatalismo, a bares de madrugada, a carreteras secundarias y a derrotas compartidas. Eran una banda de rock duro con guitarras poderosas. Y al frente tenían un poeta.

 

Porque Yosi nunca escribió letras de rock al uso. Escribió poesía. Poesía para quienes alguna vez llegaron tarde a todo. Escribía sobre el cansancio, el paso del tiempo, los amigos que se iban quedando por el camino, la muerte, la derrota, y los amores que uno sabe perdidos incluso antes de empezar.

 

Resulta curioso que una banda tan enorme tardara tanto en encontrar su sitio. Durante años recorrieron España actuando donde podían, construyendo un público fiel concierto a concierto, sin apenas apoyo de la radio ni de la televisión. Cuando finalmente llegaron los grandes pabellones y las plazas de toros, Los Suaves ya eran mucho más que un grupo de rock. Eran una forma de entender la vida. Miles de personas conocían de memoria canciones que nunca habían sonado en las grandes emisoras. Muy pocos artistas pueden presumir de haber construido una carrera únicamente sobre la fidelidad de su público. Y sobre el carisma de su líder.

 

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Su aspecto desaliñado, su voz rota, su melena imposible, las leyendas sobre su historia personal, su carácter imprevisible y aquellos conciertos en los que podía ofrecer una actuación inolvidable o desesperar a cualquiera terminaron convirtiéndolo en un personaje casi mítico. Pero nunca consiguió eclipsar lo verdaderamente importante: la enorme calidad de sus letras.

 

Yosi nunca escribió para los vencedores. Escribió para quienes habían perdido algo importante y seguían caminando con esa ausencia a cuestas.

 

Ahí están 'Malas noticias', 'Viajando al fin de la noche', 'Pobre jugador', 'Dolores se llamaba Lola', 'Diles siempre que no estoy', 'El ultimo metro', 'Esta vida me va a matar', 'Mi casa', 'No puedo dejar el rock', 'No me mires' o tantas otras. Canciones habitadas por personajes que beben más de la cuenta, aman demasiado, toman malas decisiones, se rompen en mil pedazos y, sin embargo, intentan conservar la dignidad con los trozos que quedan.

 

También ocurre con sus canciones de amor. En 'Si pudiera', 'No llores más por mí' o 'Llegaste hasta mí' no encontramos héroes románticos. Encontramos hombres que saben perfectamente que buena parte de la culpa del fracaso les pertenece. Que reconocen haber sido poco recomendables. Que entienden por qué la persona amada decidió marcharse. Pero eso no hace que duela menos. Al contrario. La herida resulta todavía más profunda precisamente porque ya no queda nadie a quien culpar.

 

Viajando al fin de la noche resume el universo de Yosi. La noche aparece una y otra vez en sus letras. Es el lugar donde viven los recuerdos, donde los perdedores encuentran refugio y donde las derrotas pesan un poco menos.

 

Y luego está 'Esta vida me va a matar'. Pocas canciones resumen tan bien los inicios de su trayectoria artística. Hay ironía, claro. Pero también lucidez. Como si Yosi hubiera comprendido muy pronto que vivir intensamente siempre termina pasando factura y hubiera decidido pagar ese precio sin negociar demasiado.

 

Otra de las canciones que mejor explican a Yosi es 'Pardao'. Ese músico callejero que continúa cantando, aunque la vida no le haya tratado precisamente bien. Ese hombre que ha perdido demasiadas cosas, pero que jamás acepta perder la dignidad. Con el paso del tiempo resulta inevitable pensar que Yosi terminó siendo ese personaje. No porque acabara tocando en una esquina, sino porque siguió siendo fiel a sí mismo incluso cuando el cuerpo ya no respondía igual y subir a un escenario suponía un esfuerzo inmenso. Pardao en gallego significa gorrión, ese pájaro frágil pero persistente que, aunque llueva, canta. Y no se marcha.

 

Probablemente nunca volveremos a verlo caminar hacia un micrófono con aquella melena desordenada, aquella copa en la mano y esa forma inconfundible de recitar versos antes de que estallaran las guitarras.

 

Y entonces uno escucha La música termina. Y comprende que quizá nunca habló únicamente del final de un concierto. Hablaba del tiempo. De la juventud. De los amigos que ya no están. De ese instante en que las luces se apagan y solo queda el eco de las canciones.

 

Yosi dijo que las canciones, al final, pertenecen a quienes las cantan. Siempre igual hace mucho que dejó de ser únicamente la primera canción que compuso un muchacho de Ourense para pertenecer a los que, al levantarse por la mañana, pasaron de tener sueños a tener, simplemente, sueño. 'Malas noticias' pertenece ya a los que recibieron alguna llamada que jamás hubieran querido escuchar. 'No llores más por mí' acompaña desde hace años a quienes tuvieron que despedirse de un amor que todavía dolía. 'Si pudiera' es de quienes, aunque quieran, ya no pueden volver atrás, 'Llegaste hasta mí' es de quienes mueren porque ella no muere por ellos, 'Viajando al fin de la noche' sigue recorriendo carreteras con quienes, desesperados, aún no encuentran un lugar donde llegar.

 

Y 'Pardao' continúa recordándonos que incluso los derrotados pueden caminar con la cabeza alta.

 

Linkedin: Rafael García-Purriños

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