Domingo, 06 de Septiembre de 2026
Diario de Economía de la Región de Murcia
ACTUALIDAD¿Quo vadis, Europa? Borrell dirige en la UIMP un curso que reúne a políticos y expertos mundiales en geopolítica
  • Buscar

OBJETIVO: SALVAR EL VIEJO CONTINENTE

¿Quo vadis, Europa? Borrell dirige en la UIMP un curso que reúne a políticos y expertos mundiales en geopolítica

“Mientras Europa juega al ajedrez, el resto del mundo juega al póker”

HELENA MOLERO | LASGASTROCRONICAS.COM Domingo, 06 de Septiembre de 2026
Josep BorrellJosep Borrell

 

Josep Borrell (exvicepresidente de la Comisión Europea y exalto representante en la Unión Europea para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad 2019-2024) reunió en Santander a políticos y expertos en geopolítica para debatir sobre defensa, tecnología, clima y el papel de la UE ante un orden internacional cada vez más hostil. Durante cinco jornadas, en el curso ¿Quo vadis Europa? (Universidad Internacional Menéndez Pelayo), hubo una tormenta de ideas que dio lugar a frases lapidarias, titulares expresivos y algún esbozo de optimismo.

 

Desde los amplios ventanales del Palacio de la Magdalena, el Cantábrico ofrecía durante esos días una imagen apropiada. Europa también navega en aguas agitadas. Presionada por Rusia, dependiente de Estados Unidos, rezagada frente a China en la carrera tecnológica y cada vez más dividida en su interior, la Unión Europea afronta uno de los momentos más difíciles de su historia reciente. Europa intenta rearmarse en todos los sentidos; incluso en el ético.

 

El diagnóstico fue severo y, en ocasiones, incómodo. Pero entre el reconocimiento sobre la pérdida de influencia europea, su dependencia exterior y la crisis del orden internacional apareció también una idea compartida: Europa todavía tiene capacidad para reaccionar. Para hacerlo, coincidieron buena parte de los participantes, tendrá que avanzar en integración, recuperar autonomía y decidir qué está dispuesta a hacer —y no sólo a defender en sus discursos— para seguir siendo relevante.

 

 

Una Europa rodeada

 

Borrell fue el encargado de dibujar el escenario de partida. Europa vive sometida a una triple presión: Rusia y la amenaza militar; China, convertida en uno de los grandes actores mundiales junto a Estados Unidos, y Donald Trump que se desmarca de la tradicional relación transatlántica y llega a presentar a Europa como un enemigo y un modelo a combatir.

 

Mariola Urrea, catedrática de Derecho Internacional Público de la Universidad de La Rioja, definió el momento actual como un tiempo de “no paz”, marcado por una geopolítica del caos “en la que las antiguas reglas pierden autoridad y la violencia vuelve a contemplarse como instrumento político".

 

Una idea similar planteó Abdelak Azzouzi, catedrático de la Universidad de Fez: “El antiguo orden ya no está y el nuevo orden todavía no existe”. “Y son precisamente esos periodos intermedios -alertó- los que históricamente han resultado más peligrosos”.

 

La propuesta para reconstruir Europa, según Guy Verhofstadt, ex primer ministro belga y presidente del Movimiento Europeo Internacional, pasa por recuperar el espíritu fundacional europeo y avanzar hacia un nuevo modelo federal, capaz de dotarse de una política común de defensa y de mayor capacidad de decisión.

 

Pero el camino hacia una mayor integración choca con una realidad política complicada. Jan Zielonka, profesor de Política Europea de la Universidad de Oxford, recordó que el soberanismo está ganando votos frente al federalismo: “El resultado son 27 líderes sentados alrededor de una misma mesa defendiendo, antes que nada, sus respectivos intereses nacionales”.

Borrell reconoció también esa resistencia. “Los Estados no quieren ceder competencias en ámbitos esenciales como la defensa, la fiscalidad o las políticas verdes”. “Sin embargo, avanzar en la integración -sostuvo- es una cuestión de supervivencia para la Unión Europea”.

 

El rearme de Alemania

 

Natalie Loiseau, presidenta de la Comisión Especial sobre el Escudo Europeo de la Democracia del Parlamento Europeo, fue tajante: “Los europeos han vivido en un mundo de fantasía durante décadas. Europa externalizó buena parte de su seguridad y confió en que podía seguir siendo fuerte sin asumir plenamente el coste de su propia defensa”. “Por eso -reconoció- cuando Trump reprocha a los europeos su insuficiente inversión militar, cierta razón tiene”.

 

Jesús Núñez, codirector del Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria, puso el foco en la fragmentación. “Europa sigue sin contar con una lista común de amenazas y algunos de sus principales proyectos militares conjuntos han terminado naufragando por discrepancias nacionales o empresariales”. Mientras tanto -añadió- Alemania acomete un ambicioso programa de modernización de sus fuerzas armadas, pero en clave fundamentalmente nacional. “El verdadero salto sería superar las desconfianzas entre Estados, adoptar decisiones comunes y disponer de estructuras políticas y militares capaces de dirigir las operaciones”, añadió Núñez.

 

Las voluntades políticas -señaló Borrell- tienen que construirse también desde unas opiniones públicas que sí muestran interés por avanzar hacia una defensa común”.

 

La batalla tecnológica

 

Si la dependencia militar preocupa, la tecnológica puede resultar todavía más profunda. “Europa ha perdido la primera fase de la carrera tecnológica frente a Estados Unidos y China”, afirmó Vicente Palacio, de Fundación Alternativas. Según explicó, “alrededor del 80% de la infraestructura digital está en manos estadounidenses”. Borrell admitió que esa vulnerabilidad en la tecnología “no la hemos visto venir”. “Europa -dijo- “se ha dormido en los laureles”. “La llamada nube constituye hoy una arteria fundamental de la economía y buena parte de sus servicios dependen de compañías estadounidenses. “China ocupa una posición dominante en el refinado del litio y en otras tecnologías imprescindibles para la transición energética y digital”, añadió Borrell.

 

Azzouzi, catedrático de la universidad de Fez, situó la inteligencia artificial directamente en el terreno de la geopolítica: las potencias del mañana serán aquellas que controlen los datos, los algoritmos y los semiconductores.

 

Pero no todo el diagnóstico fue pesimista. Ángel Melguizo, socio de ARGIA Green, Tech & Economics Fellow del Centro TIDE de la Universidad de Oxford Europa, apeló a un “realismo optimista”. “Europa representa una parte cada vez menor de la población y de la economía mundial, pero conserva una potente red empresarial y posiciones relevantes en sectores como el aeroespacial, la automoción o la electricidad. El problema, resumió, es otro: “A Europa le falta ambición y visión estratégica”.

 

Recuperar el Sur y la credibilidad

 

Varios participantes defendieron reforzar los vínculos con Canadá, Australia, África e Iberoamérica y recuperar una mirada hacia el Sur que no se limite a considerarlo receptor de ayuda o escenario de problemas. Azzouzi propuso convertir el Mediterráneo en un “laboratorio del nuevo orden mundial”.

 

Borrell fue también especialmente crítico con la situación en Gaza y Cisjordania y con la responsabilidad de los países occidentales. “Europa no afronta, por tanto, únicamente una crisis de poder. También se enfrenta a una crisis de coherencia entre los valores que proclama y las decisiones que adopta”.

 

El frente interior

 

Durante el curso 'Quo Vadis Europa', los expertos aseguraron que quizá la amenaza más compleja no venga de fuera. La crisis de la democracia liberal y el auge de los populismos atravesaron muchas de las intervenciones. Verhofstadt alertó de que “la falta de liderazgo y valentía política abren espacios que terminan ocupando los movimientos populistas”.

 

Marián Martínez-Bascuñán, profesora de Teoría Política de la Universidad Autónoma de Madrid, recordó la excepcionalidad del proyecto europeo. “Europa es el experimento más avanzado de la historia”, sostuvo, antes de lanzar una de las frases que mejor resumieron el espíritu del curso: “Mientras Europa juega al ajedrez, el resto del mundo juega al póker”. “La Unión, construida precisamente para sustituir las relaciones de fuerza por normas, instituciones y negociación, se encuentra ahora en un mundo en el que otros actores utilizan reglas diferentes”, añadió Martínez-Bascuñán.

 

El clima, otra batalla europea

 

A las crisis geopolítica, militar y tecnológica se suma la emergencia climática.

 

Cristina Narbona, exministra de Medio Ambiente, vinculó directamente esa emergencia ambiental con otra de carácter social. “El cambio climático aumenta las desigualdades y puede terminar amenazando a la propia democracia”, advirtió. “El Parlamento Europeo se está convirtiendo en una cámara de retrocesos sociales y ecológicos”, concluyó Narbona.

 

Europa ha liderado históricamente la acción climática internacional, pero ese liderazgo tampoco está garantizado. El avance de partidos de extrema derecha y las nuevas mayorías políticas están dificultando el desarrollo de la agenda verde.

 

Una gran paradoja sobrevoló el Palacio de la Magdalena. En un mundo dominado por gigantes, los europeos temen perder soberanía al compartirla, justo cuando corren el riesgo de perderla por separado. Europa todavía puede elegir hacia dónde dirigirse. Pero, como dejaron claro las jornadas de Santander, el resto del mundo no está dispuesto a esperar demasiado a que tome la decisión de tomar nuevo rumbo.

 

[Img #14106]

Publicidad

X
Con tu cuenta registrada

Escribe tu correo y te enviaremos un enlace para que escribas una nueva contraseña.