Viernes, 11 de Septiembre de 2026
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OPINIÓNDolores O’Riordan: cuando te has ido
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Rafael García-Purriños

Dolores O’Riordan: cuando te has ido

 

El pasado domingo, Dolores Mary Eileen O'Riordan habría cumplido 55 años

 

Hay algo en la maravillosa voz de Dolores que parece frágil, como si pudiera romperse en cualquier momento y, sin embargo, nunca se rompía, porque tenía, a la vez, una extraña fuerza, como nos mostraba su poderosa presencia en el escenario.

 

Dolores es un nombre extraño para una chica irlandesa. Un nombre que parece español, y que, en efecto, lo es. Su madre, Eileen, profundamente católica, quiso ponerle el nombre de Nuestra Señora de los Dolores, la Virgen que contempla el sufrimiento y la muerte de su hijo.

 

Aquella niña que recibió un nombre asociado al dolor y al consuelo acabaría poniendo voz a los sentimientos más profundos que puede experimentar una persona: el amor, la pérdida, la soledad, la violencia, la rabia, la fragilidad y la ausencia.

 

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A finales de los años ochenta, en Limerick, una pequeña ciudad irlandesa, cuatro jóvenes músicos intentaban hacerse un hueco. Noel y Mike Hogan, Fergal Lawler y Niall Quinn formaron inicialmente una banda llamada The Cranberry Saw Us. Un buen día, pusieron un anuncio buscando una cantante.

 

Dolores tenía apenas dieciocho años cuando se presentó ante aquella banda con una cinta en la mano y algunas canciones propias. Era tímida, muy tímida, y no tenía (ni nunca tuvo) aspecto de estrella de rock. Pero tenía una voz única, extrañamente bella, misteriosa, emocionante.

 

Había crecido en una familia numerosa, había aprendido música en la iglesia y tocaba el órgano y la guitarra, pero también escuchaba heavy metal con sus hermanos; una mezcla aparentemente imposible que acabaría explicando lo que sería su música: tradición irlandesa, espiritualidad, melodía, oscuridad y rock.

 

A veces las historias en la música comienzan por cosas mucho más sencillas de lo que parece. No hace falta una gran reunión, ni un productor visionario. A veces basta con que una persona entre en una habitación, empiece a cantar y los demás comprendan que acaban de encontrar algo único.

 

En 1992 llegó Everybody Else Is Doing It, So Why Can’t We?, su primer disco, pero el mundo todavía no estaba preparado para los Cranberries.

 

Dreams, publicada como primer sencillo, tuvo inicialmente una repercusión discreta, y fue Linger, con su melancólica historia de desengaño, la canción que terminó abriendo las puertas del éxito internacional. Dreams regresó en 1994 y encontró entonces al público que no había sabido escucharla dos años antes.

 

Y quizá no sea casualidad que aquella canción, tan luminosa y aparentemente sencilla, necesitara tiempo para encontrar su lugar. Dreams era Dolores antes de la fama, cantando a la ilusión y el descubrimiento, con una voz delicada que parecía contener al mismo tiempo inocencia y madurez.

 

De repente, esa chica que cantaba sobre enamorarse convirtió su voz en un grito contra la violencia, después de conocer la noticia de la muerte de dos niños en el atentado de Warrington. Y, entre ambas canciones, está todo lo que hizo de Dolores O’Riordan una artista tan especial: la ternura y la rabia, la fragilidad y la fuerza, la chica tímida de Limerick y la mujer capaz de plantarse ante miles de personas y cantar aquello que otros quizá no se atrevían a decir.

 

Y es que el 20 de marzo de 1993, Jonathan Ball, de tres años, y Tim Parry, de doce, murieron en un atentado del IRA en Warrington, Inglaterra. Dolores quedó profundamente impresionada por aquella tragedia y decidió escribir una canción sobre ella.

 

Dolores tenía poco más de veinte años. La guitarra entra pesada, oscura, casi amenazante, la batería marca un ritmo que avanza como una marcha y, de repente, aquella voz que en Dreams parecía acariciar se transforma en un grito de rabia. Zombie fue una canción muy valiente.

 

La canción incomodaba, golpeaba y obligaba a mirar hacia aquello que se quería olvidar. Dolores no necesitaba un discurso político, porque tenía una voz que millones de personas iban a escuchar. La misma mujer que había cantado sobre el inicio y el final del primer amor estaba ahora preguntando por qué seguían muriendo personas.

 

Después llegarían más discos, más giras, más éxitos, discos en solitario y con el proyecto D.A.R.K., pero también llegarían los problemas personales, la depresión, el TCA, las heridas dejadas por los abusos sufridos durante su infancia y una relación complicada con la fama, que en ocasiones llegó a hacer que se sintiera atrapada en un papel de estrella para el que no estaba preparada.

 

De entre todas sus canciones me quedaría con When You’re Gone. Una canción sobre ese vacío que queda cuando una persona desaparece de nuestra vida. Una canción que ya no podemos escuchar de la misma manera. Porque ella es la que falta. Y tenía todavía cosas que decir, como un libro al que le arrancaron las últimas páginas.

 

Aquella chica de Limerick que entró un día en un local con una cinta en la mano y terminó dejando su voz en la memoria de millones de personas, Dolores O’Riordan, murió el 15 de enero de 2018, en Londres. Tenía 46 años.

 

Linkedin: Rafael García Purriños

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