Domingo, 20 de Septiembre de 2026
Diario de Economía de la Región de Murcia
FORMACIÓNEduardo Martín del Olmo: “Crecer como persona y como profesional es la misma carrera vista desde dos ventanas
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ENTREVISTA

Eduardo Martín del Olmo: “Crecer como persona y como profesional es la misma carrera vista desde dos ventanas

El autor propone un itinerario de veinte virtudes y habilidades para quien está dispuesto a construirse con el carácter

Nuevo Digital Domingo, 20 de Septiembre de 2026
Eduardo Martín del Olmo y portada del libreo 'Despierta tu grandeza'Eduardo Martín del Olmo y portada del libreo 'Despierta tu grandeza'

 

El próximo 24 de septiembre, a las 19:30 horas, en el salón de actos de Las Claras (Fundación CajaMurcia), Eduardo Martín del Olmo presentará en Murcia su nuevo libro 'Despierta tu Grandeza. 20 claves para el desarrollo personal y profesional' (Editorial Círculo Rojo, 2026). Físico de profesión, formador durante más de treinta años, vicepresidente de la Fundación EDYDE y coordinador del Foro Empresarial de la Región de Murcia, Martín del Olmo es también autor de 'Llegar al Cielo'.

 

Su nueva obra propone un itinerario de veinte virtudes y habilidades —diez personales, diez profesionales— pensado no para quien busca un atajo, sino para quien está dispuesto a construirse, hábito a hábito, con el material que menos falla: el carácter.

 

- Afirma que el libro "nace de la convicción de que necesitamos un nuevo humanismo". ¿Qué puede aportar el humanismo al mundo de hoy?

 

- Vivimos en una época que ha aprendido a medirlo casi todo —productividad, rendimiento, compromiso, etc.— y ha olvidado preguntarse por lo único que no se mide con ningún indicador: la dignidad de la persona. El humanismo, el de verdad, el que viene de los griegos y se enriquece con el cristianismo, nos recuerda que el ser humano no es un recurso que se optimiza, sino un fin en sí mismo. Aportar humanismo hoy es, sencillamente, devolverle a la persona el centro que la eficiencia le ha ido usurpando. Y no hablo de nostalgia, sino de una propuesta muy actual: no hay empresa, ni familia, ni sociedad que funcione bien si trata a las personas como piezas intercambiables.

 

- ¿La grandeza se puede despertar incluso si está muy aletargada? ¿A cualquier edad?

 

- Por supuesto. De hecho, cuanto más dormida está, más ruido hace al despertar. Yo no creo en la grandeza como un don reservado a unos pocos elegidos —eso sería más bien soberbia disfrazada de destino—, sino como una semilla que todos llevamos dentro y que, por pereza, por miedo o simplemente por no habérnoslo planteado nunca, dejamos criando polvo en el desván. Y en cuanto a la edad, le diré algo que aprendí leyendo a los clásicos: mientras uno respira, tiene margen de mejora. San Agustín se convirtió pasados los treinta, y no le fue mal del todo. El despertador de la grandeza no tiene fecha de caducidad; lo que sí tiene es un botón de “posponer” que muchos pulsamos demasiadas veces.

 

- ¿Por qué veinte claves y no quince o diecisiete? ¿No son muchas para las prisas de hoy?

 

- Confieso que llegué a plantearme si veinte eran demasiadas. Pero cuando uno mira de cerca la vida de una persona —su carácter, sus relaciones, su trabajo— descubre que diez virtudes no bastan para sostener el edificio personal, y otras diez son imprescindibles para el profesional. Podría haber elegido un número más redondo, más vendible, pero preferí la honestidad al marketing: la persona es compleja, y reducirla a cinco consejos de posavasos me hubiera parecido una falta de respeto hacia el lector. Eso sí, el libro hay que leerlo con tranquilidad: no hay que leer las veinte de golpe, mejor un capítulo cada día. Después diseñar un plan de mejora personal. El libro está pensado para leerse como se cultiva un huerto, una hilera cada vez.

 

- El libro tiene una parte de desarrollo personal y otra de desarrollo profesional. ¿Son ámbitos estancos o se retroalimentan?

 

- Se retroalimentan sin remedio, y quien intente separarlos de forma tajante acabará con una vida partida en dos, cosa bastante incómoda de vivir. No conozco a nadie que sea prudente en casa y temerario en la oficina, ni a nadie íntegro en el trabajo y tramposo con su familia, al menos, no durante mucho tiempo sin que la grieta se note. El carácter no se cambia de traje al fichar en la empresa. Por eso el libro no separa la “persona” del “profesional” como si fueran dos personajes distintos: separa, eso sí, las diez virtudes que sostienen el edificio interior de las diez que se despliegan hacia fuera, en el trabajo y con los demás. Pero el cimiento es el mismo.

 

- Prudencia, justicia, fortaleza, templanza, bondad, amabilidad, optimismo, confianza, gratitud y sencillez. ¿Por qué estas y no otras, como la asertividad, la fidelidad o la generosidad?

 

- Hice una criba dolorosa, porque otras muchas virtudes merecían estar y no cupieron todas sin convertir el libro en una enciclopedia. Elegí estas diez porque forman un esqueleto completo: las cuatro cardinales clásicas —prudencia, justicia, fortaleza y templanza— sostienen el carácter; bondad y amabilidad regulan cómo tratamos al otro; optimismo y confianza sostienen la mirada hacia el futuro; y gratitud y sencillez nos devuelven los pies a la tierra, que buena falta hace. La asertividad, la fidelidad o la generosidad no están excluidas de la vida buena, ni mucho menos, pero muchas de ellas quedan ya recogidas, en espíritu, dentro de las diez elegidas. No es una lista cerrada ni pretenciosa: es un itinerario, no un dogma.

 

- Algunas claves profesionales como la creatividad o la flexibilidad suenan muy bien para redes sociales. Pero ¿cómo hacer atractivas la integridad, la responsabilidad o el compromiso?

 

- Ahí está el reto, y no lo voy a negar: la integridad no tiene el mismo tirón visual que la creatividad, no da tan bien en una infografía. Pero diré una cosa que he comprobado trabajando con directivos: cuando una empresa se hunde, casi nunca es por falta de creatividad. Es por falta de integridad, de gente que no cumplió su palabra, o de responsables que no asumieron su responsabilidad, valga la redundancia. Lo atractivo, a la larga, no es lo que brilla en un post, sino lo que sostiene un equipo cuando las cosas se ponen feas. Mi trabajo en el libro no es maquillar estas virtudes para que parezcan más modernas, sino explicar por qué, sin ellas, ni la creatividad ni la flexibilidad valen gran cosa: son fuegos artificiales sin cimientos.

 

- "Conócete a ti mismo", la máxima de Delfos, parece ser la base de todo proceso de mejora. ¿Por qué es tan importante ese primer paso?

 

- Porque es imposible mejorar un mapa que no se ha consultado. Suena a frase de calendario de pared, lo sé, pero hace veinticinco siglos que nadie ha encontrado nada mejor. El problema es que en nuestra época tenemos más información sobre nosotros mismos que nunca —redes sociales, tests de personalidad, aplicaciones que cuentan nuestros pasos— y, sin embargo, seguimos sin conocernos bien, porque toda esa información habla de lo que hacemos, no de lo que somos. Conocerse de verdad exige detenerse, cosa que hoy cotiza a la baja. Por eso, cuando imparto un taller, la primera regla es siempre la misma: primero silencio individual, después —solo si alguien quiere— puesta en común. Nadie se conoce mejor por hablar antes de haberse escuchado.

 

- Desde su experiencia como formador, ¿por qué es importante ser consciente de lo que uno debe mejorar? ¿Cómo se hace?

 

- Porque nadie mejora aquello que no reconoce. He acompañado a mucha gente en procesos de transición profesional y personal, y la primera sorpresa —casi siempre incómoda— es descubrir que el problema no estaba únicamente ahí fuera, en el jefe, en el mercado o en la mala suerte. También estaba dentro. Ahora bien, esto no va de flagelarse ni de convertir la autocrítica en deporte de riesgo. Va de mirarse con la misma honestidad con la que uno mira un balance de cuentas: sin dramatismo, pero sin trampas. Por eso en el libro cada capítulo incluye una prueba de autoevaluación: no para que el lector se sienta culpable, sino para que sepa, con datos y no con intuiciones, por dónde empezar a tirar del hilo.

 

- En la era de la inteligencia artificial, ¿cómo conjugar la apuesta por los hábitos cuando la IA resuelve tantas cosas en un segundo?

 

- Aquí hay una paradoja deliciosa: cuanta más inteligencia artificial nos rodea, más necesitamos carácter propio. La IA puede escribirle un correo, resumirle un informe o incluso, si se descuida, contestar a esta entrevista. Lo que no puede hacer por usted es ser paciente con su suegra, mantener la palabra dada cuando ya no le conviene, o levantarse a las seis de la mañana a currar cuando el cuerpo pide cama. Eso lo siguen forjando los hábitos, y los hábitos, como bien sabían Aristóteles y los clásicos, no se automatizan: se repiten, con esfuerzo, hasta que se vuelven segunda naturaleza. La IA nos ahorra tiempo; los hábitos nos construyen el alma. Son cosas de distinto orden, y conviene no confundirlas.

 

- Usted no solo escribe: coordina el Foro Empresarial de la Región de Murcia y forma a directivos. ¿Este libro sirve solo al individuo o también puede transformar equipos y empresas enteras?

 

- Sirve a ambos, aunque por caminos distintos. Una empresa no tiene carácter propio —eso sería antropomorfizar demasiado un balance de resultados—, pero sí tiene una cultura, que no es otra cosa que la suma de los caracteres que la habitan, multiplicada por lo que esa organización premia y lo que calla. He empezado a convertir cada capítulo del libro en una sesión de noventa minutos para directivos y equipos, precisamente porque he comprobado que las mismas veinte claves que ayudan a una persona a ordenar su vida sirven, con matices, para ordenar un equipo: la prudencia de un directivo se nota en las decisiones que no toma a la ligera; la integridad de un departamento, en los atajos que no se permite, aunque nadie mire. No hace falta fundar una religión corporativa nueva ni contratar a un gurú de la motivación: basta con tomarse en serio, dentro de la empresa, lo que ya sabíamos fuera de ella.

 

- Si tuviera que animar al público a comprar su libro, ¿qué les diría? ¿Qué resaltaría de él?

 

- Les diría que no es un libro de autoayuda al uso, de esos que prometen la felicidad en cinco pasos y frustración en el sexto. Es un libro que trata al lector como a un adulto capaz de pensar, no como a alguien que necesita frases motivadoras estampadas sobre un atardecer. Cada capítulo le va a pedir algo más que leer: le va a pedir que se mire, que haga el test, que diseñe un pequeño plan de mejora con cinco comportamientos concretos, nada de propósitos vagos de Año Nuevo. Y, sobre todo, les diría que este libro parte de una convicción que sostengo con toda la firmeza de la que soy capaz: que crecer como persona y crecer como profesional no son dos carreras distintas, sino la misma carrera vista desde dos ventanas. Si buscan un libro que les dé una palmadita en la espalda, mejor que busquen otro. Si buscan uno que los acompañe a mirar de frente lo que de verdad importa, este es el suyo.

 

Despierta tu Grandeza se presenta el 24 de septiembre a las 19:00 horas en Las Claras, pero empieza a leerse mucho antes: en cuanto uno decide dejar de posponer la pregunta que este libro no se cansa de repetir —¿qué clase de persona estoy construyendo con lo que hago cada día. Pocas veces llega un libro con tanta oportunidad y necesidad. Vale la pena abrirlo.

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