Miércoles, 23 de Septiembre de 2026
Diario de Economía de la Región de Murcia
OPINIÓN¡Cuídate, España, de tu propia España!
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Alberto Hernández Moreno

¡Cuídate, España, de tu propia España!

 

Así reza el título de uno de los poemas incluidos en el libro póstumo de César Vallejo 'España, aparta de mí este cáliz'. Nadie como el peruano fe capaz de plasmar en versos la tragedia de la Guerra Civil. Ni el genio de Miguel Hernández, demasiado lastrado por las circunstancias de los momentos en los que compuso sus dos poemarios bélicos, ni un literariamente exhausto Antonio Machado, ni por supuesto el mezquino Rafael Alberti. Tuvo que venir desde Perú el poeta de la triste figura para recordarnos a los españoles lo esencial de nuestra tragedia como país.      

    

España es una nación que, desde el siglo XIX se ha dedicado a sabotearse y corregirse mediante traumáticos enfrentamiento fratricidas guiados no por el interés del país, sino de determinados grupos de poder, ideologías perniciosas o potencias extranjeras. Vallejo, que simpatizó por la causa republicana durante la contienda, tuvo la lucidez de ver aquello que ni Hernández ni Machado ni Alberti quisieron ver: que el gran enemigo de España no era el bando contrario, sino, de una forma más amplia, la división interna, el dogmatismo, el fanatismo ciego y la ideologización de todos los aspectos de la vida del país. Unos elementos omnipresentes en nuestra sociedad pero, sobre todo, en nuestra oligarquía política, desde hace más de dos siglos.

 

[Img #14246]¡Cuídate, España, de tu propia España!
¡Cuídate de la hoz sin el martillo,
cuídate del martillo sin la hoz!
¡Cuídate de la víctima a pesar suyo,
del verdugo a pesar suyo
y del indiferente a pesar suyo!
¡Cuídate del que, antes de que cante el gallo,
negárate tres veces,
y del que te negó, después, tres veces!
¡Cuídate de las calaveras sin las tibias,
y de las tibias sin las calaveras!
¡Cuídate de los nuevos poderosos!
¡Cuídate del que come tus cadáveres,
del que devora muertos a tus vivos!
¡Cuídate del leal ciento por ciento!
¡Cuídate del cielo más acá del aire
y cuídate del aire más allá del cielo!
¡Cuídate de los que te aman!
¡Cuídate de tus héroes!
¡Cuídate de tus muertos!
¡Cuídate de la República!
¡Cuídate del futuro!…

 

Qué bien supo ver Vallejo que no hay mayor enemigo de España que la propia España. Mientras escribo estas líneas, la mitad del parlamento de la nación bendice la violación de nuestra soberanía territorial, insulta a nuestros compatriotas obligados a vivir en una ciudad convertida en un gigantesco e inseguro vertedero y pone a los pies de los caballos a miembros de las Fuerzas Armadas y Fuerzas y Cuerpos de Seguridad para salvar la reputación de un país vecino hostil que no se ha dedicado a otra cosa desde su independencia que a hostigar a España. En una pirueta ideológica imposible, nuestro gobierno salva la cara de un aliado preferente de Estados Unidos e Israel mientras que mantiene una política exterior muy crítica con EE UU y deliberadamente antisemita. Ahora es nuestro gobierno, pero antes fueron otros. Con anterioridad a que Marruecos monitorizase con Pegasus los movimientos de Sánchez, Marlaska, Robles y González Laya infectando sus teléfonos móviles, nuestras élites siempre han vivido entre la adulación y el temor al sátrapa de turno de Rabat. Y de eso no se ha salvado ni la propia monarquía, con la sonrojante relación fraternal entre Juan Carlos I y Hassan II.

 

[Img #14245]Cuídate, España, de ti misma, porque dentro de ti están tus principales enemigos. Napoleón cometió el error de creer que el pueblo español era tan vil y cipayo como sus soberanos y sus políticos afrancesados, y se encontró con una reacción espontánea y heroica que llevó a nuestros antepasados a levantarse y lograr, huérfanos de rey y gobernantes, lo que no pudieron lograr los organizados ejércitos austriacos, prusianos y rusos en Austerlitz, Jena, Ulm o Marengo. Mohamed VI y Pedro Sánchez, los artífices por acción y por omisión, respectivamente, de la invasión de Ceuta del 30 de julio, seguro que piensan lo mismo. Pero, igual que ocurrió en 1808, los españoles de bien han dado una lección y han demostrado que no comparten la actitud pusilánime y entreguista de un presidente rehén y cómplice simultáneo de la monarquía autoritaria marroquí, ni de un rey que, recordemos, fue antes a Oslo al funeral de un anodino jefe de estado antes que personarse en Ceuta para transmitir solidaridad, y sobre todo, firmeza, a sus vecinos. Cuídate, España, de tu propia España…

 

 

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