El lecho de Procusto
Según la mitología griega, Procusto era el posadero de la ciudad griega de Eulesis. Su verdadero nombre era Damastes, pero le apodaban Procusto que significa 'el estirador'.
Procusto regentaba una posada y tenía un peculiar sistema para acomodar a sus huéspedes. El posadero los acostaba en una cama de hierro y quien no se ajustara perfectamente a sus medidas les serraba los pies si sobresalían, o los alargaba utilizando la cama como potro de estiramiento. Algunas leyendas señalan que la cama tenía truco puesto que, según las medidas de la víctima, cambiaba de tamaño.
La leyenda sigue contando que el descuartizador murió en su artilugio cuando fue capturado por Teseo y le hizo probar el catre maldito.
Esta leyenda nos habla de quienes pretenden adecuar siempre la realidad a sus intereses o deseos, sin importarle los demás. Son capaces de cualquier cosa para obtener una realidad a su medida.
Hay personas que no quieren comprender la verdad, lo que quieren es que la verdad les dé la razón y cuando no lo hace, manipulan la verdad para tratar de cambiar todo aquello que la contradice.
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Estas personas olvidan que todos tenemos una visión del mundo, que cada uno lo entiende de una manera e interpreta lo que nos ocurre de forma distinta, esto es lo que nos hace humanos. El problema se origina cuando alguien deja de distinguir entre la percepción y la realidad o lo que es peor, trata de adecuar la realidad a sus intereses sin importarle nada más.
Se cuestiona al testigo, al juez, se desacredita al que discrepa, se cambia el significado de las palabras, se rescatan unos datos y se silencian otros, se modifica el relato hasta que, finalmente la realidad vuelve a ocupar, malherida, el lecho que habían preparado para ella y si todavía sobresale alguna parte, se corta.
Lo inquietante es que esta conducta no suele venir acompañada de agresividad, todo lo contrario, normalmente se endulza con palabras sutiles y hasta a veces tiernas.
Hay personas que no confrontan para llegar a la verdad; discuten para convencer a los demás de que ocurrió aquello que necesitaban creer.
Y es particularmente doloroso cuando estas personas acusan a las que afirman que el lecho está deformado, de no querer descansar en él.
Porque imponer una realidad siempre deja víctimas inocentes.
Pero quizá el mayor problema no sean los Procustos que nos encontramos a lo largo de nuestra vida. Para mí el mayor drama lo protagonizan todas aquellas personas que aun viendo la realidad, se la niegan a sí mismos y a los demás para asumir las medidas del catre y ser palmeros de los Procustos. Estas personas no se dan cuenta de que más pronto o más tarde, ellos, sus hijos o algún ser querido también serán huéspedes de la tenebrosa posada.
Linkedin: Gabriel Vivancos



