Jueves, 01 de Octubre de 2026
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OPINIÓN21 leyes del liderazgo en la Biblia: la receta de John Maxwell
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Aquilino García

21 leyes del liderazgo en la Biblia: la receta de John Maxwell

 

Leí la Biblia en mi juventud, con muchos prejuicios. Pensaba que la Biblia era un libro moralizante que justifica el andamiaje creado por la Iglesia Católica, tan cuestionable como las personas que pertenecen. Mis conclusiones fueron cuando menos, escasas y en muchos casos, contrarias a mi pensamiento ideológico. Bueno, la juventud se cura con los años y he vuelto a leer algunos de los libros de la misma en diferentes momentos con muchas y grandes conclusiones. Por esto y por otros motivos, leí las 21 leyes irrefutables del liderazgo (durante la pandemia) y después 21 leyes del liderazgo en la Biblia. Quería escuchar o leer, más bien, la experiencia de otros sobre liderazgo, tomando como base la Biblia.

 

Las 21 leyes irrefutables del liderazgo fue, durante una década, el libro más vendido de esa categoría. Su secuela bíblica, 21 leyes del liderazgo en la Biblia (Grupo Nelson, 2021), veinte años después, con una premisa más sencilla y, por eso mismo, más difícil de rebatir: "todo lo que sé de liderazgo lo aprendí en la Biblia". Y la Biblia, sostiene Maxwell en su introducción, "es el mejor libro de liderazgo jamás escrito".

 

No es un libro de ideas originales. Es un libro de aplicación. Y eso, paradójicamente, es lo que lo hace útil.

 

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Un libro de trabajo disfrazado de bestseller

 

El formato lo delata desde la primera página. No hay prólogo brillante ni epílogo conmovedor. Hay veintiún lecciones. Maxwell insiste en decir "lección", no "capítulo"; cada una con el mismo esqueleto: definición de la ley, tres casos de estudio bíblicos íntegros, preguntas de estudio, reflexión y una sección que llama "Actúe". Veinticuatro páginas por ley. Doscientos cuarenta páginas de oficio, no de teoría.

 

Estructura de manual de taller, no de ensayo académico. Y funciona. Porque el lector no viene a admirar la prosa de Maxwell; viene a entender qué hizo bien Josué en Jericó o qué mató el reinado de Roboam en diez versículos de Reyes. El método es el de un director de escuela dominical que ha enseñado estas historias mil veces y quiere que el grupo no solo las recuerde, sino que las aplique el lunes en la oficina, en el consejo de administración, en la junta directiva de la parroquia.

 

Eso es lo primero que hay que reconocerle al libro: no se esconde detrás de la autoridad del texto sagrado para eximirse de la tarea práctica. Le pide al lector que haga algo.

 

Las leyes que sí pegan

De las veintiún leyes, cuatro merecen atención especial porque atraviesan el libro como un hilo conductor y, además, resisten la crítica.

 

La Ley del Tope. "La capacidad de liderazgo determina el nivel de eficacia." El caso de Roboam lo resume sin adornos: un hijo de David, coronado sobre el trono de Israel, pierde la mitad del reino en seis meses por no saber escuchar a su pueblo. La ley no dice que el líder tenga que ser perfecto. Dice que su techo es el techo de su equipo. Punto. No hay matices que añadir. Y ese punto, dicho con la dureza de un martillo sobre yunque, es exactamente lo que un directivo necesita escuchar antes de contratar a alguien solo por su currículum.

 

"Y viendo que el consejo de los ancianos no era bueno, y que el consejo de los jóvenes era bueno, dijo a los ancianos: Decid al pueblo que viene a mí con esta palabra: El yugo pesado que mi padre puso sobre vuestros hombros, yo lo haré más pesado; mi padre os castigó con azotes, yo os castigaré con escorpiones. Y se fue el pueblo de Roboam."(1 Reyes 12:15-16)

 

"Así se dividió Israel de la casa de David hasta el día de hoy."(1 Reyes 12:20)

 

La Ley de la Influencia. Aquí Maxwell escribe la frase que debería ir grabada en la entrada de toda empresa: "El liderazgo verdadero no puede otorgarse, nombrarse ni asignarse. Proviene únicamente de la influencia y no puede crearse por mandato. Hay que ganárselo". Tres casos de estudio.

 

Raab en Jericó:

 

"Y ella respondió: Ciertamente lo sé, que Jehová vuestro Dios os ha dado esta tierra, porque gran temor ha caído sobre nosotros, y todo habitante de la tierra se derrite de miedo ante vosotros. Porque hemos oído cómo secasteis el mar Rojo delante de los hijos de Israel, cuando salieron de Egipto; y lo que hicisteis a los dos reyes de los amorreos que estaban al otro lado del Jordán, a San y a Bibí, los cuales destruísteis por completo. Y nos llegó la noticia, y nuestros corazones se debilitaron, porque no hay ya ánimo alguno en nadie contra vosotros; porque Jehová vuestro Dios es Dios arriba en los cielos, y abajo en la tierra."(Josué 2:9-11)

 

Los sacerdotes corruptos de Elí:

 

"Y la maldad de los hijos de él era grande contra Jehová, porque despreciaban a Jehová, y ofendían a los que venían al lugar santo de Jehová."(1 Samuel 2:12)

 

"Si uno pecare con otro, Jehová contendrá con él; mas si ellos pecaren contra ti, ¿quién los redarguirá?"(1 Samuel 2:24)

 

El centurión romano en Hechos 27:

 

"Y el centurión quiso salvar a Pablo, y lo apartó de ellos, mandando que fuese puesto en libertad. Y así se cumplió lo que Pablo había dicho, que no moriría ni perdería un solo cabello de cabeza de ninguno de los que estaban con él."(Hechos 27:43-44)

 

Los tres demuestran que la influencia opera igual en una prostituta cananea que en un oficial del Imperio. No importa el cargo. Importa la confianza depositada. Y cuando esa confianza se agota, como le ocurre a Saúl en 1 Samuel 13, "ya no es líder":

 

"Pero ahora tu reino no será continuado; porque Jehová ha buscado para sí un hombre según su corazón, y lo ha ordenado para que sea cabeza sobre su heredad; porque no guardaste lo que Jehová te mandó."(1 Samuel 13:12-13)

 

Sin más.

 

La Ley del Sacrificio. "Un líder debe ceder para ascender." La fórmula suena a paradoja retórica si no se lee con Números 6 (los nazareos y sus votos), 1 Corintios 9 (Pablo renunciando a sus derechos) y 1 Timoteo 3 (los requisitos del obispo). Lo que Maxwell hace aquí es desmontar la idea moderna de que el liderazgo es una carrera de ascenso personal. El ascenso, en el registro bíblico, siempre pasa por la renuncia. No es un adorno moral. Es la mecánica.

 

Nazareo: "Cuando el varón o la mujer hiciere el voto de nazareo para separarse a Jehová… El nazareo no beberá vino ni sidra, ni beberá de las aguas de ellos, ni tomará vinagre ni jugo de uvas, ni comerá uvas frescas ni secas."(Números 6:1-2, 3)

 

Pablo: "¿Acaso no tenemos derecho a llevar consigo esposa creyente, como hacen los demás apóstoles, y los hermanos del Señor, y Cefas? …Mas yo uso este poder sobre el evangelio, para no abusar del derecho que tengo en el evangelio."(1 Corintios 9:5, 15)

 

Obispo: "Es fiel la palabra: Si alguno deseare ser obispo, desea buena obra. Es necesario, pues, que el obispo sea irreprensible, marido de una sola mujer, sobrio, prudente, decoroso, hospedero, capaz de enseñar; no dado al vino, no pendón de pleitos, no codicioso de ganancia deshonesta."(1 Timoteo 3:1-3)

 

La Ley del Legado. "El valor duradero del líder se mide por la sucesión." Elías y Eliseo, David y Salomón, Jesús y los doce.

 

Eliseo: "Pero él se levantó y siguió a Elías, y le sirvió."(1 Reyes 19:21)

 

El libro cierra con Mateo 28:16-20 y deja claro que el legado no es lo que construiste, sino a quién se lo dejaste:

 

"Id, pues, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén."(Mateo 28:19-20)

 

Es la ley más incómoda de las veintiuna, porque obliga al líder a preguntarse: ¿quién me sustituye y está preparado? La mayoría no tiene respuesta.

 

Donde la brújula se queda corta

 

Dicho esto, el libro tiene límites que conviene nombrar con honestidad.

 

Maxwell trata las leyes como mecánica organizacional aplicada a personajes bíblicos. Funciona como herramienta de diagnóstico. Pero le falta algo que la moral cristiana no puede omitir: la gracia como condición previa a toda influencia.

 

Tomemos la Ley de la Influencia. Maxwell dice que la influencia se gana. Correcto. Pero ¿cómo se gana? ¿Por qué camino? El libro no lo especifica. Y ahí entra la diferencia: influencia sin gracia se vuelve poder. Aarón construye el becerro de oro y tiene influencia total sobre el pueblo de Israel. Lo tiene todo menos la dirección correcta. La ley, leída solo como técnica de persuasión, produce líderes carismáticos que arrastran multitudes hacia el abismo. Leída desde la cruz, produce líderes que lavan pies.

 

O la Ley del Gran Impulso. "El empuje es el mejor amigo de un líder." Maxwell cita a Sansón en Jueces 16 y a los madianitas en Deuteronomio 2.

 

Sansón: "Y Sansón clamó a Jehová y dijo: Te ruego, Señor, acuérdate de mí. Y se movió Dios, y hubo gran temblor, y el monte se estremeció; y Sansón derribó la casa sobre todos los que estaban en ella, y sobre todos los que estaban en la casa; así que los que mató con su muerte fueron más que los que había matado en su vida."(Jueces 16:28-30)

 

Ciudades tomadas: "Y tomamos todas estas ciudades en aquel tiempo, y pusimos en posesión a nuestras mujeres, a nuestros hijos y a nuestros siervos; pero a los animales no los destruíamos."(Deuteronomio 2:36)

 

El empuje, dice, es como un tren a cien kilómetros por hora que atraviesa un muro de hormigón armado. Metáfora potente. Pero Sansón tiene empuje y no tiene dirección. Muere en una prisión filisteo. El empuje sin rumbo es ruido caro. La moral cristiana añade una palabra que Maxwell apenas menciona: someter. El impulso ha de someterse a la voluntad de Dios antes de convertirse en acción. Sin esa sumisión, el tren descarrila y lleva a todos consigo.

 

Y luego está la Ley del Respeto: "La gente sigue a los líderes que son más fuertes que ellos mismos." Frase seductora. Pero invierte el orden evangélico. En Marcos 10:35-45, Jesús corrige a Jacobo y Juan diciendo que el mayor entre vosotros será vuestro siervo:

 

"Y Jesús, llamándolos, les dijo: Sabéis que los que son tenidos por principales de las naciones ejercen sobre ellas el dominio, y sus grandes hacen de ellos señores. Mas no será así entre vosotros; antes, el que quiera ser grande entre vosotros, será vuestro servidor; y el que quiera ser el primero entre vosotros, será siervo de todos. Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos."(Marcos 10:42-45)

 

El respeto, en el modelo cristiano, no nace de la superioridad del líder, sino de su disponibilidad. La gente no sigue a quien es más fuerte; sigue a quien se arrodilla.

 

El modelo que todas las leyes apuntan

 

Aquí está el punto que el libro insinúa pero no siempre explicita: las veintiún leyes son vectores. Cada una apunta en la misma dirección. Y esa dirección tiene nombre y cara y cicatrices en las manos.

 

Juan 13:1-17 es el caso de estudio de la Ley de la Imagen. Jesús lava los pies. "Lo que la gente ve es lo que cree", escribe Maxwell. Pero lo que la gente ve en la Última Cena no es un líder que da ejemplo. Es un Dios que se hace siervo. La imagen no es una estrategia de comunicación; es una ontología. Cristo no actúa como si sirviera. Sirve porque es servicio.

 

"Jesús, sabiendo que el Padre le había dado todas las cosas en las manos, y que de Dios había salido y a Dios volvía, se levantó de la cena, y dejó su ropa; y tomó una toalla, y ceñóse. Después echó agua en un barreño, y comenzó a lavar los pies de los discípulos… Por tanto, si yo, el Señor y Maestro, he lavado vuestros pies, ¿cuánto debéis vosotros lavaros los unos a los otros? Porque ejemplo os he dado, para que hagáis como yo os he hecho."(Juan 13:3-5, 14-15)

 

Filipenses 2:1-11, base de la Ley de la Adición, describe la kenosis: el vaciamiento. No un líder que "agrega valor sirviendo" como quien suma puntos a un balance. Un Dios que se vacía de su igualdad con Dios para tomar forma de siervo. La ley de Maxwell es correcta. Solo que el modelo último no es un manager que delega bien. Es el Hijo que obedece hasta la muerte.

 

"Tened en vosotros el mismo sentimiento que estuvo en Cristo Jesús, quien, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse; antes se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, haciéndose semejante a los hombres; y hallándose en condición de hombre, se humilló a sí mismo, siendo obediente hasta la muerte, y muerte de cruz."(Filipenses 2:5-8)

 

Y la Ley del Legado cierra el círculo con Mateo 28:19-20. "Id y haced discípulos." No "id y construid un imperio". No "id y multipliquéis vuestra marca". Haced discípulos. Personas, no cifras. El legado cristiano no se mide en cuota de mercado ni en número de seguidores en redes. Se mide en cuántas personas pueden, a su vez, lavar pies.

 

Lo que te llevas y lo que te quedas

 

21 leyes del liderazgo en la Biblia es un buen libro. No es el último. No es el definitivo. Es una brújula bien calibrada que te ayuda a no perderte en el terreno del liderazgo humano. Te dice hacia dónde mirar, cómo estructurar tu equipo, qué errores repiten Saúl y Roboam y qué virtudes sostienen a Josué y a Nehemías. Úsalo. Léelo en grupo. Discútelo. Aplica la sección "Actúe" el lunes.

 

Pero no lo conviertas en el mapa completo. Porque el mapa no es el territorio. Y el territorio, en la tradición cristiana, tiene un centro que ninguna ley puede sustituir: una persona. Una persona que no mandó, sino que se entregó. Que no acumuló influencia, sino que la repartió. Que no buscó su propio momento oportuno, sino el de su Padre. Que no dejó un legado institucional, sino un mandato de amor.

 

La brújula te orienta. La luz te transforma. Y no es lo mismo orientar que transformar.

 

Si vas a liderar esta semana, hazte una sola pregunta antes de abrir el correo: ¿qué haría aquí el que lavó los pies? No es una pregunta retórica. Es una herramienta. Y es la única ley que no aparece en las veintiuna, porque no hace falta escribirla: ya está escrita en cada página de la Biblia que Maxwell recomienda como "el mejor libro de liderazgo jamás escrito".

 

Solo que el autor de ese libro no es Maxwell, es la tradición Cristiana desde el siglo VI antes de cristo y el siglo II donde se convierte en lo que hoy conocemos como Biblia. En lo que a mí respecta, el libro original es mucho más importante que el de Maxwell, pero ambos deben leerse para encontrar el líder en nuesto interior.

 

Linkedin: Aquilino García

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