Jackson Browne: Vamos a llamarlo un préstamo
A finales de los años sesenta y principios de los setenta, Los Ángeles se había convertido en uno de los grandes centros de la música popular estadounidense. Por allí andaban Joni Mitchell, David Crosby, Stephen Stills, Neil Young, Glenn Frey, Don Henley, J.D. Souther, Gram Parsons, Linda Rondstadt y muchos otros que acabarían formando una extraordinaria comunidad de compositores y músicos que hoy asociamos con Laurel Canyon. No era exactamente una escena, sino más bien una reunión de amigos que estaban escribiendo algunas de las mejores canciones de la música norteamericana.
Entre ellos estaba Jackson Browne, nacido en Alemania en 1948, pero criado en California. Tenía poco más de veinte años y, antes incluso de convertirse en intérprete, otros músicos empezaron a fijarse en él. Nico grabó These Days y The Byrds recurrieron también a sus composiciones. Pero uno de los encuentros decisivos fue el que mantuvo con Glenn Frey, un joven músico de Detroit que había llegado a California con la intención de abrirse camino.
Los dos terminaron viviendo cerca, en Echo Park, y Frey escuchaba trabajar a Browne. Una de aquellas canciones se llamaba Take It Easy. Browne la había comenzado, pero no conseguía terminarla. Frey colaboró con él para completarla. Poco después, los Eagles la convertirían en su primer gran éxito y en uno de los himnos fundamentales del rock californiano.
Jackson no tardaría en encontrar su sitio. En 1972 publicó su primer álbum y Doctor My Eyes se convirtió en un éxito. Después llegaron For Everyman, Late for the Sky y The Pretender. En apenas unos años había pasado a convertirse en uno de los grandes representantes de una nueva generación de cantautores estadounidenses que había aprendido del folk y de Bob Dylan, pero que ya hablaba con un lenguaje diferente.
En 1977 apareció Running on Empty, el disco con el que muchos españoles conocieron a Jackson Browne, aunque en Estados Unidos ya era una figura consolidada.
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Jackson no quiso hacer simplemente otro disco en directo. Quiso contar la vida que había detrás de los conciertos: algunas canciones fueron grabadas sobre el escenario, pero otras en habitaciones de hotel, entre bastidores o incluso dentro del autobús de la gira. Era casi un diario de carretera.
La canción que daba título al disco hablaba de continuar avanzando cuando uno empieza a quedarse sin combustible. The Road convertía la carretera en una forma de vida. The Load-Out estaba dedicada a quienes desmontan el escenario cuando el público ya se ha marchado: los técnicos que recogen cables, desmontan equipos, cargan camiones y vuelven a empezar al día siguiente en otra ciudad.
Y cuando parecía que el concierto había terminado, la música volvía a crecer y aparecía Stay. Versión de un viejo tema de Maurice Willians & the Zodiacs. Después de haber dedicado una canción a los trabajadores invisibles Browne hablaba ahora a quienes estaban delante del escenario.
Stay se convirtió en uno de los grandes éxitos de Jackson Browne y, con el tiempo, en una de sus canciones más reconocibles. En España, para muchos, fue directamente la puerta de entrada a su música. Y quizá esa canción explica muy bien una parte esencial de Browne: su relación con el público. Un concierto no pertenece únicamente al artista. Pertenece a quienes han comprado una entrada, han esperado, han cantado y, cuando llega el momento de marcharse, se resisten a hacerlo.
Dos años después, aquella misma canción volvería a aparecer en un contexto muy diferente. En 1979, tras el accidente de la central nuclear de Three Mile Island, Jackson Browne, Graham Nash, Bonnie Raitt y John Hall impulsaron Musicians United for Safe Energy, MUSE, una organización que pretendía movilizar a músicos y público contra la expansión de la energía nuclear. Los conciertos de No Nukes, celebrados en el Madison Square Garden de Nueva York, reunieron a una extraordinaria nómina de artistas, entre ellos James Taylor, Carly Simon, Tom Petty, Crosby, Stills & Nash y Bruce Springsteen con la E Street Band. Y allí estaba Browne. El 21 de septiembre, después de la actuación de Springsteen, ambos compartieron escenario para cantar Stay, junto a Rosemary Butler.
En España su historia tiene más capítulos. Enrique Urquijo fue uno de sus grandes admiradores y años después su hermano Álvaro adaptó con Los Secretos Call It a Loan, con el título de Algo prestado. Título además de su disco de versiones, un homenaje a los músicos que habían acompañado la educación musical de Los Secretos.
Un préstamo. Eso es, en buena medida, la música. Recibimos canciones que alguien escribió, las escuchamos y, poco a poco, dejan de pertenecer solamente a quien las compuso. Se convierten en parte de nuestra propia memoria.
Enrique Urquijo llegó a compartir canción con él en Sólo pienso en ti, con Los Problemas. Y el gaitero Carlos Núñez invitó a Browne a participar en Os amores libres, publicado en 1999. El norteamericano puso su voz a Danza da Lúa en Santiago, sobre un poema de Federico García Lorca escrito en gallego.
Esa canción que nos prestan puede viajar de Los Ángeles a Nueva York, a Madrid o a Santiago, hasta llegar a nosotros y hacernos sentir que, de alguna manera, también forma parte de nosotros.
Y ese préstamo ya nunca lo devolvemos.
Linkedin: Rafael García-Purriños



