Lunes, 05 de Octubre de 2026
Diario de Economía de la Región de Murcia
OPINIÓNLos decretos caídos: se puede ser más tonto… pero no más cínico
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Pedro Manuel Hernández López

Los decretos caídos: se puede ser más tonto… pero no más cínico

 

"Ha llegado la hora de la verdad y este Gobierno no va a dar un paso atrás en su lucha por el derecho a la vivienda". Lo proclamaba Pedro Sánchez en X, con esa solemnidad presidencial que suele acompañar a sus anuncios megalómanos .Y añadía que sus decretos (hoy ya fallidos por el rechazo del Congreso) servían para "frenar la especulación, facilitar el acceso a la primera vivienda, fomentar los alquileres asequibles y frenar los desahucios".

 

Uno leía el mensaje y casi espera que --después de semejante despliegue de buenas intenciones-- las viviendas broten de las aceras como las amapolas trigueras  en primavera. Pero la realidad tiene la mala costumbre de no obedecer a los eslóganes.

 

Los dos reales decretos que elaboró el Gobierno eran un "catálogo intervencionista" sobre el mercado del alquiler. 

 

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El primero, prorrogaba hasta 2030 la suspensión de determinados desahucios de personas vulnerables sin alternativa habitacional, limitaba las actualizaciones de renta, ampliaba las prórrogas extraordinarias, regulaba los alquileres de temporada y habitaciones y establecía nuevas restricciones a determinadas operaciones de compra de vivienda.

 

El segundo, daba otra vuelta de tuerca y una vez cumplidos los cinco años de contrato —siete si el arrendador era una persona jurídica (empresa)— la prórroga pasaba a convertirse en la regla. Y si el propietario quería no renovar, debía preavisar con seis meses y --salvo determinadas excepciones-- indemnizar al inquilino con el equivalente a doce mensualidades.

 

Sánchez lo llamaba cinicamente "derecho a la vivienda". El problema es que entre el derecho y la vivienda hay una "palabra" que el Gobierno parece empeñado en borrar de su sectario diccionario ideologico: la oferta.

 

Porque una vivienda no aparece por decreto. Alguien tiene que construirla, comprarla, mantenerla y, finalmente, decidir si "la oferta" en alquiler. Y cuando a ese propietario se le dice que puede tener que soportar prórrogas, limitaciones, incertidumbre jurídica e, incluso, --llegado el momento-- pagar hasta un año de alquiler para recuperar legítimamente su vivienda, no resulta nada disparatado pensar que algunos optarán por no alquilarla.
Ahí aparece el peligrosísimo "efecto boomerang"... pues, la medida que pretendía proteger al inquilino iba a terminar reduciendo el número de viviendas disponibles. Y si la oferta disminuye mientras la demanda permanece o aumenta, el resultado sería justamente el contrario del anunciado: más dificultad para encontrar vivienda y presión al alza sobre los precios de los pisos que sí salgan al mercado.

 

El propio decreto sostenía que la nueva regulación "no restringe la oferta de vivienda en alquiler". Pero afirmarlo en el preámbulo no conviertía una previsión económica en una ley de la naturaleza.

 

Y hay algo todavía mucho más preocupante: el Gobierno parece confundir la protección de una persona que ya ocupa una vivienda con la solución del problema de quien busca una y no la encuentra. Son realidades totalmente distintas.

 

El joven que necesita alquilar por primera vez no vive de las prórrogas de otro contrato. El trabajador que llega a una ciudad tampoco se beneficia de que el inquilino anterior permanezca indefinidamente. Y quien necesita comprar no encontrará más casas porque el Ejecutivo convierta el alquiler en una relación contractual cada vez más rígida.

 

Eso no es ampliar el mercado. Es intentar administrar su escasez y limitarlo.


Y mientras Sánchez anunciaba que no iba a "un paso atrás", quizá debería preguntarse si no está dando "varias zancadas" hacia atrás en algo mucho más elemental: la confianza y la seguridad de quienes tienen una vivienda y podrían ponerla en alquiler.


¡Siempre se puede ser más tonto! ¡Por supuesto!


Pero presentar como solución para aumentar la vivienda disponible unas normas que iban a incentivar precisamente lo contrario exige algo más que torpeza y necedad...

 

¡Exige una gran dosis de cinismo y de megalomanía! Y de eso andan siempre muy sobrados.

 

Linkedin: Pedro Manuel Hernández López

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