Jueves, 22 de Octubre de 2026
Diario de Economía de la Región de Murcia
OPINIÓNLa vivienda se construye en la empresa
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Valerio García Pérez

La vivienda se construye en la empresa

 

Sin empresas capaces de crear riqueza, solo podremos repartir una escasez cada vez mayor

 

En Murcia, unas 4.500 personas salieron el pasado 4 de octubre a la calle con las llaves de sus casas en la mano para reclamar el acceso a una vivienda. El mensaje era contundente: 'Murcia, despierta, te quitan la vivienda'. 

 

No seré yo quien niegue el problema. El alquiler en Murcia capital ha subido un 59,7% desde 2018, mientras la oferta disponible ha disminuido y la demanda se ha multiplicado. 

 

Pero si queremos hablar de vivienda con honestidad, tendremos que mirar más allá del precio, de las ayudas y de la responsabilidad del Gobierno de turno.

 

La vivienda no empieza en una subvención. La vivienda empieza en la empresa.

 

La empresa es la base

 

Una casa aparece cuando alguien compra un suelo, consigue financiación, contrata profesionales, obtiene licencias, coordina trabajadores, compra materiales, asume riesgos, paga impuestos y convierte todo ese esfuerzo en una construcción habitable.

 

La vivienda es el resultado visible de una cadena empresarial.

 

Por eso resulta sorprendente que hablemos constantemente de construir casas mientras hablamos tan poco de construir empresas capaces de hacerlo.

 

Cada promoción activa arquitectos, ingenieros, albañiles, electricistas, fontaneros, transportistas, fabricantes, asesores, bancos y aseguradoras. La empresa no es el problema que hay que apartar de la vivienda: es la herramienta que permite crearla.

 

Sin empresas no hay promoción. Sin promoción no hay oferta. Sin oferta, la demanda presiona los precios al alza.

 

El Gobierno ha aprobado nuevas medidas sobre vivienda, entre ellas prórrogas extraordinarias de alquiler, deducciones, un IVA reducido para vivienda protegida y una línea de financiación pública para facilitar el acceso a la primera vivienda. 

 

Algunas medidas pueden ser necesarias. Pero ninguna norma puede sustituir indefinidamente a la producción. Si no construimos, rehabilitamos y generamos nuevas viviendas, solo podremos repartir las que ya existen.

 

Y repartir escasez nunca ha creado prosperidad.

 

¿Quién quiere ser promotor?

 

Esta es la pregunta que casi nadie formula.

 

Ser promotor no consiste únicamente en comprar un terreno y esperar a que suba de precio. Implica poner capital, asumir incertidumbre, coordinar equipos, pagar intereses, soportar retrasos administrativos y esperar años para recuperar la inversión.

 

Por eso no podemos exigir vivienda asequible y tratar a todos los promotores como especuladores.

 

Existen abusos: operaciones especulativas, suelos retenidos, corrupción, incendios provocados y sobres que compran voluntades. Todo eso debe perseguirse con firmeza. Pero una sociedad adulta debe distinguir entre el empresario que crea valor y el delincuente que se aprovecha del sistema.

 

La propiedad privada tampoco es un privilegio del que haya que avergonzarse. Es una forma de ahorro, autonomía y protección familiar. Permite transmitir patrimonio, garantizar el futuro y tomar decisiones sin depender permanentemente de terceros.

 

Defender la propiedad privada no significa defender cualquier abuso. Significa reconocer que una sociedad libre necesita ciudadanos capaces de poseer, invertir, crear y transmitir bienes dentro de la ley.

 

El problema comienza mucho antes de comprar una casa

 

El verdadero problema no está únicamente en el precio de la vivienda. Está también en una educación que no prepara suficientemente para crear riqueza.

 

Hemos enseñado a consumir, pero no a construir; a pedir crédito, pero no a calcularlo; a reclamar derechos, pero no siempre a asumir responsabilidades.

 

Una persona puede pasar años estudiando y salir al mercado laboral sin haber aprendido a ahorrar, invertir, crear una empresa, leer una cuenta de resultados o construir patrimonio. Después nos sorprende que no pueda comprar una vivienda.

 

La deuda puede ser útil cuando financia una inversión razonable. Pero cuando sostiene una vida que no genera ingresos suficientes, se convierte en una jaula que termina consumiendo el salario, la familia y el futuro.

 

Necesitamos recuperar una educación basada en el trabajo, la disciplina, el ahorro, la inversión, el emprendimiento y la responsabilidad.

 

No como castigo. Como instrumentos de libertad.

 

Crear riqueza exige ética

 

Defender la empresa, la propiedad y la promoción no significa defender cualquier forma de enriquecimiento.

 

Necesitamos empresarios que entiendan que el beneficio no autoriza a engañar; que un suelo no se incendia para aumentar su valor; que una licencia no se compra con un sobre y que un cargo político no puede convertirse en una puerta de entrada para intereses particulares.

 

El beneficio obtenido creando vivienda, empleo y actividad económica no es inmoral.

 

Lo inmoral es obtenerlo destruyendo la confianza o aprovechándose de la necesidad de los demás.

 

La economía necesita rentabilidad. La sociedad necesita ética. Ambas cosas son compatibles: una empresa rentable y bien dirigida puede pagar salarios, mantener empleos, cumplir sus obligaciones, construir patrimonio y devolver valor a su entorno.

 

La riqueza no aparece porque la redistribuyamos eternamente. Primero hay que crearla.

 

La política que necesitamos

 

La vivienda exige políticas de fondo, no solo medidas de emergencia. Necesitamos una educación que forme personas capaces de trabajar, emprender, invertir y construir; una política urbanística que facilite el suelo y reduzca los tiempos; seguridad jurídica para propietarios, inquilinos y promotores; formación profesional para los oficios de la construcción y empresas profesionalizadas, con procesos, números y equipos capaces de sobrevivir al fundador.

 

La empresa debe ocupar el lugar que le corresponde: no como enemiga de la sociedad, sino como una de sus principales herramientas de progreso.

 

Orden y soberanía

 

Una sociedad sin orden no puede construir. Una familia sin disciplina consume lo que no ha creado. Una empresa sin estructura depende de una sola persona. Y una persona sin soberanía queda sometida a la deuda, al miedo y a las decisiones de otros.

 

Por eso necesitamos recuperar valores que algunos consideran antiguos: lealtad, honor, palabra, respeto, responsabilidad y sentido común.

 

La vivienda es un espejo de todo esto. Refleja nuestra capacidad para producir, nuestra relación con el trabajo, nuestra educación financiera, nuestra política y nuestra forma de entender la propiedad.

 

Una sociedad que no construye viviendas termina construyendo conflictos. Una sociedad que no educa para crear riqueza termina repartiendo escasez. Una sociedad que desprecia a la empresa termina necesitando sus empleos.

 

La vivienda no se resuelve únicamente con política de vivienda. Se resuelve formando personas capaces de construir casas, empresas, familias y patrimonio.

 

La libertad no depende de recibirlo todo. Depende de aprender a crear aquello que necesitamos.

 

Linkedin: Valerio García Pérez

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