Martes, 20 de Octubre de 2026
Diario de Economía de la Región de Murcia
OPINIÓNUna epidemia de diabetes, alzéhimer y otras enfermedades metabólicas. ¿Por qué enfermamos?
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Aquilino García

Una epidemia de diabetes, alzéhimer y otras enfermedades metabólicas. ¿Por qué enfermamos?

 

No, no me ha dado por hacer de médico o curandero. Debo decir que en los últimos años, he experimentado una mejora física, la edad obliga a cuidar el 'hardware', solo tenemos un cuerpo, por lo que debemos cuidarlo, para llegar una edad que nos permita envejecer adecuadamente.

 

Empezó esto hace ocho años. Mi doctora me dice:

 

  • "tienes el colesterol alto (220)" y te voy a mandar una pastilla para tenerlo controlado por debajo de 200″. Nunca he sido dócil, porque siempre he preguntado el por qué de las cosas. Debo decir que pesaba entonces 110 kg, algo realmente intolerable, mejorable y necesario de bajar.

 

  • "No, lo siento, pero las estatinas tienen mayores efectos adversos que beneficiosos a largo plazo. Además, la OMS hace las tablas en función de los intereses de las farmacéuticas. En los años 70 estaban por encima de 350 y el colesterol en valores de 220, no suponen un problema".

 

  • "¿Entonces no te las vas a tomar?"

 

  • "Por supuesto que no. Que el colesterol suba un poco con la edad, es normal y no es ni problemático ni peligroso"

 

  • "Pero pesas 110 kg, eso sí que es necesario mejorarlo. Deberías ponerte a dieta".

 

  • "Ves, ahora veo que sí nos vamos a entender".

 

[Img #14542]Y me puse a dieta, bajé de peso, bajó algo mi colesterol, pero no se puso nunca por debajo de 200. Llevo años andando entre hora y media y dos horas (me gusta mucho madrugar, lo admito). Pero llegado un momento, empecé a tener calambres, lesiones poco explicables para una actividad poco agresiva. Sigo jugando como portero de fútbol sala los lunes, que, eso sí es agresivo, pero no es comprensible tal nivel de lesiones. Y me puse a investigar, problemas metabólicos asociados a la edad. Encontré al doctor David Duarte que me pareció en un principio, que es como hacer algo por lo evidente, aunque no encuentre evidencias científicas. Tiene un puñado de vídeos en Youtube muy acertados sobre algunos de nuestros 'dogmas' sobre alimentación y salud. Seguí buscando y encontré al doctor Benjamin Bikman como uno de los más reputados investigadores sobre metabolismo, principalmente por el efecto de Resistencia a la Insulina que se manifiesta en la llamada 'barriga cervecera' que no es más que acumulación de grasa abdominal entre los órganos vitales en una primera fase, hígado graso después y en estados posteriores, probablemente, diabetes tipo 2. Tiene un canal muy interesante en Youtube llamado "Aula Metabólica". La mayoría de los vídeos están disponibles en castellano. Descargué sus artículos científicos (siempre digo que mi mente de científico, requiere validación. Siempre) y luego leí el libro que ha inspirado este artículo:

 

¿Por qué enfermamos? La insulina, el hilo invisible que une casi todas las enfermedades crónicas

 

Benjamin Bikman dedica más de trescientas páginas a demostrar que las enfermedades crónicas no son un conjunto de problemas aislados, sino distintas caras de un mismo desorden metabólico: la resistencia a la insulina. Y que ese desorden, lejos de ser sentencia, puede revertirse.

 

Sección 1

Un libro que une lo que la medicina atiende por separado

 

Benjamin Bikman es bioquímico y profesor de biofísica molecular en la Universidad de Utah, y uno de los divulgadores más seguidos del mundo sobre metabolismo. En "¿Por qué enfermamos?" —con prólogo de Jason Fung, autor de "El doctor ayuno"— plantea una pregunta incómoda: ¿por qué hipertensión, hígado graso, síndrome de ovario poliquístico, Alzheimer, cáncer y obesidad aparecen tantas veces juntas, en las mismas personas, en las mismas épocas? Su respuesta es que no son enfermedades independientes. Son manifestaciones de un único trastorno de fondo que avanza durante años sin dar síntomas: la resistencia a la insulina.

 

Sección 2

La tesis central: la insulina importa más que la glucosa

 

El argumento vertebrador es doble.

 

Primero, la resistencia a la insulina sería el trastorno metabólico más frecuente del planeta: según los estudios que cita el autor, afecta a hasta un 85–88 % de los adultos estadounidenses, pero porcentajes similares en otras áreas geográficas.

 

Segundo —y más importante para el diagnóstico—, el marcador clave no es la glucosa, sino la insulina. La hiperinsulinemia puede mantenerse durante años con la glucosa en ayunas perfectamente normal; la insulina elevada predice la diabetes tipo II hasta veinte años antes.

 

El libro ofrece referencias prácticas: una insulina en ayunas ideal por debajo de 6 µU/ml, e índices HOMA (*) por encima de 1,5 como señal de resistencia y por encima de 3 como umbral próximo a la diabetes.

 

(*) – El índice HOMA-IR (Modelo de Evaluación Homeostática de la Resistencia a la Insulina) es un cálculo derivado de los niveles de glucosa e insulina en ayunas para estimar la resistencia a la insulina y la función de las células beta pancreáticas. Se utiliza como herramienta predictiva para el riesgo de desarrollar diabetes mellitus tipo 2, síndrome metabólico y enfermedades cardiovasculares.

 

Sección 3

Parte I: cómo se extiende la hiperinsulinemia por el cuerpo

 

El primer bloque del libro recorre órgano a órgano los daños de la insulina crónicamente alta:

 

  • Corazón: la presión arterial sube por cuatro vías simultáneas —retención de sodio vía aldosterona, engrosamiento del endotelio, menos óxido nítrico y activación simpática—. La insulina alta además favorece el LDL pequeño y denso (patrón B), y el autor recuerda que las estatinas pueden elevar el riesgo de diabetes tipo II hasta un 50 % en mujeres posmenopáusicas.

 

  • Cerebro: Bikman se suma a la hipótesis de que el Alzheimer es una "diabetes tipo 3". En un estudio finlandés que cita, la insulina en ayunas (p = 0,0005) pesó más que la edad como factor de riesgo; el cerebro insulinorresistente acaba "hambriento" pese a la glucosa de sangre.

 

  • Salud reproductiva: el SOP queda descrito como "una enfermedad originada por un exceso de insulina"; la disfunción eréctil aparece como posible síntoma temprano; y la hiperinsulinemia adelanta la pubertad: la edad media de inicio en chicas pasó de 16 años en el siglo XIX a menos de 10 hoy.

 

  • Cáncer: el efecto Warburg —los tumores se alimentan de glucosa— sumado a la insulina alta crea lo que el autor llama "la tormenta perfecta": tumores de mama con seis veces más receptores de insulina y riesgo de muerte por cáncer duplicado con hiperinsulinemia.

 

  • Riñón e intestino: el hígado graso no alcohólico afecta ya a uno de cada tres adultos, y la resistencia a la insulina multiplica por quince ese riesgo.

 

  • Envejecimiento: piel, músculo y hueso también pagan la factura, cerrando el recorrido por el envejecimiento acelerado.

 

Sección 4

Parte II: de dónde viene

 

Si la genética explicara estas epidemias, no habrían aparecido así en unas pocas generaciones. El libro repasa las causas reales: la genética explica apenas un 5 % de los casos; paradójicamente, la propia insulina genera resistencia (más de un 20 % por cada µU extra); y se suman cortisol y epinefrina, hipotiroidismo, inflamación crónica (ceramidas), omega-6 oxidado (el aceite proveniente de semillas principalmente, presente en todos los alimentos ultraprocesados), tabaco —cuatro cigarrillos bastaron en un estudio para inducir resistencia—, sueño insuficiente (+30 % en una sola semana), sedentarismo (×7 en una semana) y fructosa (presente en todos los alimentos ultraprocesados). El mensaje es tranquilizador en el fondo: si son causas modificables, la solución también lo es.

 

Sección 5

Parte III: la solución, en cuatro pilares

 

El bloque final es práctico. En ejercicio: el músculo en contracción absorbe glucosa sin necesidad de insulina, y el entrenamiento de fuerza rinde más que el cardio minuto a minuto. En alimentación: las grasas de la dieta no elevan la insulina; los carbohidratos sí, hasta diez veces más. Una dieta baja en carbohidratos redujo la insulina un 50 % frente al 15 % de una dieta baja en grasas; la cetosis leve (1–2 mmol/l) no es cetoacidosis; y el desayuno resulta la comida crítica por el fenómeno del amanecer tras el ayuno nocturno.

 

El plan se resume en cuatro pilares:

 

  1. Controlar los carbohidratos: carga glucémica baja (ideal <10; ≥20 es alta), fruta entera en vez de zumos, almidones al final de la comida.

  2. Priorizar la proteína: entre 1 y 1,5 g por kilo de peso.

  3. Saciarse con grasas naturales y evitar los aceites de semillas.

  4. Vigilar el reloj: ayuno nocturno de 12 horas, 18 horas varios días a la semana y 24 horas de forma ocasional.

 

Complementos: ejercicio diario con intensidad progresiva, dormir bien sin pantallas, alimentos fermentados y vinagre de sidra, y —clave— medir la insulina, no solo la glucosa.

 

El autor cierra con un caso citado en el libro: once mujeres con diabetes tipo II siguieron los cuatro pilares durante 90 días sin medicación, y la diabetes desapareció.

 

Sección 6

Matiz necesario

 

Conviene leer el libro con sus matices propios: el texto marca debates abiertos, como la dirección exacta de la causalidad entre resistencia a la insulina y obesidad, o el papel preciso del LDL. No es un libro contra los fármacos —dedica un capítulo a medicamentos y cirugía cuando proceden—, sino a favor de entender el mecanismo antes de tratar el síntoma.

 

Sección 7

Conclusiónes

 

"¿Por qué enfermamos?" cambia el marco: en lugar de una lista de enfermedades sin conexión, ofrece un mapa común donde la insulina es el nudo. Y su promesa es doble: lo que nos enferma es mayoritariamente modificable, y las herramientas para revertirlo —músculo, alimentación, reloj circadiano— no requieren laboratorios ni pólizas; requieren constancia. Como me ha parecido un libro de esos que te cambian la vida, escribiré algún artículo más sobre partes del libro muy interesantes, especialmente para la salud de las personas de "mediana edad" como yo.

 

Es importante eliminar los falsos datos sobre alimentación. Debo decir que llevo cuatro meses con la dieta sugerida e indicada en el libro como saludable. Tomando muchas más sal de lo que se recomienda, en general, y … me siento mucho mejor, se acabaron los calambres y, sobre todo, tengo mucha más energía de la habitual. Perdí más de 15 kilos, lo que antes parecía imposible.

 

Linkedin: Aquilino García

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