¿Estamos posando o estamos siendo? El lenguaje no verbal en nuestra marca personal
Lo que nuestras manos, nuestra postura y nuestra forma de ocupar un espacio dicen de nosotros
Llevo años fotografiando eventos empresariales, entregas de premios, encuentros profesionales y actos institucionales. Y hay algo que siempre hago, incluso cuando no soy yo quien está detrás de la cámara: observar las fotografías y analizar cómo aparece cada persona.
Me fijo en su postura, en cómo coloca las manos, en la distancia que mantiene con quienes tiene al lado, en su expresión y en la naturalidad —o la ausencia de ella— con la que ocupa su lugar.
Hay algo que cada vez me llama más la atención: la repetición de determinados gestos que parecen haberse convertido en una especie de protocolo no escrito.
Las manos entrelazadas, los dedos sujetos unos con otros, los brazos rígidos o ese gesto de agarrarse las manos con tanta tensión que parece que no sabemos qué hacer con ellas.
A veces, incluso, se percibe el esfuerzo por mantener una postura que resulta completamente ajena a nuestra manera natural de estar.
Y me pregunto: ¿en qué momento hemos empezado a confundir posar con comunicar profesionalidad?
No estamos en un partido de fútbol ni en una alfombra roja
Una fotografía de grupo en un evento empresarial no es la alineación de un equipo de fútbol ni una alfombra roja donde todos debamos interpretar una pose.
Es un espacio compartido en el que podemos mostrarnos con naturalidad, sin necesidad de abrazarnos, sujetarnos unos a otros o colocar las manos de una manera determinada para justificar nuestra presencia.
No hay nada malo en esos gestos cuando surgen espontáneamente. El problema aparece cuando se convierten en movimientos impuestos, repetidos y carentes de naturalidad.
Porque se nota.
![[Img #14658]](https://elnuevodigitalmurcia.es/upload/images/10_2026/2458_manos.jpg)
Se nota cuando alguien está cómodo y también cuando está pensando constantemente dónde colocar los brazos, cómo sujetarse los dedos o qué postura adoptar para salir bien.
Y esa incomodidad también comunica.
El lenguaje no verbal también se prepara
Hablamos mucho de preparar discursos, presentaciones, reuniones estratégicas o intervenciones públicas. Sin embargo, no siempre dedicamos la misma atención a cómo nos expresamos físicamente.
Un CEO, un directivo o cualquier profesional con exposición pública no comunica únicamente cuando habla.
Comunica cuando escucha, cuando entra en una sala, cuando se dirige a su equipo, cuando participa en una fotografía corporativa o cuando comparte escenario con otros profesionales.
La comunicación verbal y la no verbal deben formar parte de una misma estrategia
No se trata de aprender una colección de posturas que aparentemente transmiten liderazgo. Tampoco de controlar cada movimiento hasta perder la espontaneidad.
Se trata de conocer nuestro propio lenguaje corporal, identificar aquellos gestos que repetimos por hábito o incomodidad y aprender a desenvolvernos con mayor soltura.
La naturalidad no está reñida con la preparación. De hecho, muchas veces se consigue precisamente gracias a ella.
Liderazgo, presencia y marca personal
Una fotografía puede transmitir cercanía, serenidad, seguridad o incomodidad. No porque un gesto aislado defina nuestra personalidad, sino porque nuestra expresión corporal influye en la percepción que los demás construyen de nosotros.
En el ámbito empresarial, donde la imagen pública tiene un peso importante, resulta especialmente interesante observar cómo se proyecta el liderazgo. No todos los líderes necesitan adoptar una postura dominante, cruzar los brazos o mostrar una expresión solemne.
Hay personas que transmiten una enorme seguridad desde la tranquilidad, la escucha o la sencillez.
Por eso, trabajar la marca personal no consiste en construir un personaje, sino en encontrar coherencia entre nuestra identidad, nuestro discurso y nuestra presencia.
El liderazgo también se percibe en la forma en la que ocupamos un espacio y nos relacionamos con quienes nos rodean.
Aprender a estar, sin dejar de ser
Estar delante de una cámara no siempre resulta sencillo. Hay personas que se sienten cómodas desde el primer momento y otras que, al saberse observadas, modifican su postura y recurren a gestos que repiten casi de manera automática.
Lo interesante es que muchas veces no somos conscientes de esos pequeños movimientos hasta que nos vemos en una fotografía.
Aprender a reconocerlos no significa tener que controlar cada gesto, sino comprender cómo nos expresamos y encontrar una manera de mostrarnos con mayor naturalidad.
La seguridad no consiste en adoptar una postura perfecta, sino en sentirnos cómodos con nuestra propia presencia.
Y esa capacidad también se desarrolla. No solo delante de una cámara, sino en una entrevista, una reunión, una ponencia o cualquier situación en la que nuestra imagen forme parte de nuestra comunicación profesional.
Ser, antes que parecer
Quizá deberíamos dejar de preguntarnos únicamente si salimos favorecidos en una fotografía y empezar a observar qué estamos comunicando.
Cómo ocupamos nuestro espacio. Cómo nos relacionamos con los demás. Si nuestra postura nos representa o si estamos reproduciendo una imagen que creemos que se espera de nosotros.
La próxima vez que aparezcas en una fotografía de grupo, no pienses tanto en dónde colocar las manos.
Piensa en estar cómodo, en disfrutar del momento y en permitir que tu presencia sea coherente con quien eres.
Porque la imagen profesional no se construye acumulando gestos aprendidos, sino desarrollando una forma propia de comunicar.
Y recuerda: incluso cuando no dices una palabra, estás comunicando.
Linkedin: María José Puche



