Viernes, 30 de Octubre de 2026
Diario de Economía de la Región de Murcia
OPINIÓNAirbag, una extraña fuerza que puede acabar con el invierno
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Rafael García-Purriños

Airbag, una extraña fuerza que puede acabar con el invierno

 

El pasado sábado tuve la oportunidad de ver una vez más a Airbag en el festival Caravaca Power Pop, y tengo las pilas cargadas de energía positiva para unas semanas.

 

No voy a ser objetivo. Airbag es mi grupo español favorito del siglo XXI. Los escucho desde su primer disco, Mondo Cretino, y desde entonces sus canciones han ido encontrando un lugar en ese cajón imaginario donde uno guarda aquello que le hace feliz.

 

Además, con los años he podido comprobar cómo detrás de esas melodías, de esos estribillos irresistibles, hay tres tipos humildes, encantadores y agradecidos, que siguen transmitiendo el entusiasmo de quienes nunca han dejado de ser aficionados a la música. Adolfo, Pepe y José tienen talento, muchísimo, pero también conservan la ilusión de quien sigue disfrutando con lo que hace.

 

Airbag vienen de Estepona, de la Costa del Sol, de primera línea de playa. En su música hay verano, y su verano no termina hasta que termina septiembre (y más allá): sol, luz, calor, guitarras veloces, distorsión y melodías bien construidas, pero también una manera de mirar el mundo a través de la cultura popular, de las canciones que uno ha escuchado, de las películas que se quedan con nosotros mucho después de los títulos de crédito y de aquellos pequeños descubrimientos que terminan convirtiéndose en parte de nuestra personalidad.

 

Su universo está lleno de pop, punk, nueva ola, cine juvenil de los ochenta, comics, posters y películas de miedo, ciencia ficción y serie B, con ese gusto por lo divertido, lo exagerado, lo romántico y lo imperfecto que aparece en sus letras, en su estética, en sus portadas y en esa manera tan suya de construir las canciones.

 

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Escuchar a Airbag tiene también algo de esos juegos que nunca cansan a quienes llevamos una vida escuchando discos: intentar descubrir de dónde viene una melodía, reconocer un giro que nos recuerda a los Ramones, encontrar el eco de Weezer, TFC, Beach Boys, Beatles, Los Nikis o cualquiera de esos grupos que forman parte de su educación musical y sentimental. A veces basta una guitarra, un estribillo o una referencia para que se encienda una bombilla y aparezca una sonrisa de complicidad.

 

Pero esas influencias nunca se quedan en una simple colección de guiños para entendidos; Airbag las mezclan, y las convierten en canciones propias, capaces de entusiasmar también a quien no necesita reconocer ninguna referencia para disfrutarlas. Porque conocer la historia de la música popular y disfrutar con ella no garantiza que uno sepa escribir una buena canción. Para eso hace falta talento, y ellos lo tienen.

 

Sus conciertos tienen mucho de esa misma filosofía. Hay energía, humor, guitarras y canciones que parecen hechas para cantarlas con los amigos, mientras vuelan flotadores y pelotas de playa. Y, sin embargo, debajo de esa aparente despreocupación hay oficio, sensibilidad y una manera muy precisa de entender lo que debe durar una canción y lo que necesita para quedarse, casi sin darte cuenta, dando vueltas a tu alrededor.

 

Porque sus canciones producen esa especie de euforia que solo entienden quienes aman de verdad la música, esa felicidad difícil de explicar que aparece cuando una guitarra, una melodía o un estribillo consiguen que todo lo demás importe un poco menos. Te levantan el ánimo, te devuelven las ganas de subir el volumen y te recuerdan por qué empezaste a escuchar música. De alguna manera, Airbag pusieron música a una forma de entender esta pasión que también es la mía. Por eso esta sección, el coleccionista de discos, lleva el nombre de una canción suya.

 

Tienen, además, una virtud que no está al alcance de cualquiera: hacen afición. Después de escucharlos apetece seguir descubriendo grupos, recuperar viejos discos, buscar nuevas canciones y compartir con otros la emoción. Si después de más de veinte años Airbag siguen provocándome todo eso, será porque esa extraña fuerza contagiosa no es una cuestión de juventud ni de nostalgia.

 

Pero hay algo que últimamente me ha hecho vivir esto de una manera distinta. Mi hija empieza a descubrir Airbag y lo hace con ese entusiasmo que uno reconoce enseguida, el de encontrar por primera vez un grupo capaz de acompañarnos durante años. La música tiene ese regalo: no solo nos devuelve al pasado, también es presente, y futuro. De ese que sí es el que imaginábamos.

 

Por eso Airbag son tan importantes para mí. Por las canciones, por las guitarras, por todas esas películas. libros, comics y discos que se adivinan detrás de su universo, por las portadas cuidadas, los vinilos de colores y la manera de tratar a quienes los seguimos. Pero, sobre todo, por haber conservado algo que a veces parece difícil de mantener cuando pasan los años: el entusiasmo, la cercanía y el amor por lo que uno hace.

 

Desde esa primera línea de playa que llevan a donde quiera que van, ya son más de veinticinco años buscando la ola perfecta, y regalándonos estribillos, melodías y motivos para sonreír. Y mientras sus canciones sigan sonando y haya alguien que las descubra por primera vez, el verano no tiene por qué terminarse en septiembre.

 

Porque siempre quedará una canción de Airbag para acabar con el invierno.

 

Linkedin: Rafael García-Purriños

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