Martes, 03 de Noviembre de 2026
Diario de Economía de la Región de Murcia
OPINIÓNResetear el productivismo
  • Buscar
Víctor Meseguer y Rafael Ravina

Resetear el productivismo

 

Hay escenas de cine que con el paso del tiempo se convierten en metáforas de la vida. En Pretty Woman, Edward Lewis (Richard Gere) contempla los astilleros Morse con la mirada fría de quien analiza una cuenta de resultados. Explica que su intención es desmantelar la empresa y venderla por partes porque, sobre el papel, resulta más rentable. La lógica empresarial parece impecable si solo se miran las cifras, pero la economía siempre esconde una historia que los números no saben contar: cuando una compañía se desmiembra, también se fracturan las vidas de sus trabajadores, el sustento de sus familias y el futuro de las comunidades que crecieron a su alrededor.

 

Esa misma tensión entre la frialdad del análisis y la calidez de las historias humanas late en la banda sonora de la película, coronada por el clásico de Roy Orbison que le da título. Orbison la cantaba con una mezcla de vulnerabilidad, anhelo y elegancia. Años más tarde, en los conciertos del 25.º Aniversario del Salón de la Fama del Rock and Roll en 2009, Bruce Springsteen y John Fogerty reinterpretaron el tema a dueto. Su lectura trasladó la pista a un terreno festivo: ya no era la súplica melancólica por la chica que camina por la calle, sino una celebración del cortejo, la atracción a primera vista y la tensión emocional entre el deseo y el rechazo.

 

Se trata de una misma obra materializada por tres sensibilidades extraordinarias. Orbison poseía un registro vocal único en su generación: un rango de tres octavas capaz de transmitir una fragilidad casi operística. Fogerty, por su parte, simboliza el genio enterrado por la industria y la batalla posterior por recuperar su legado. Finalmente, Springsteen —sin duda el más prolífico de los tres— encarna la figura del siervo bíblico que toma los talentos recibidos y los multiplica a través del trabajo duro, el compromiso ético y la entrega a su comunidad. Por eso Bruce es el jefe.

 

[Img #14711]

 

Esta escena cinematográfica adquiere una nueva dimensión cuando observamos el debate económico que atraviesa hoy Europa. Mientras Paul Krugman sostiene que la brecha entre Europa y Estados Unidos no se traduce automáticamente en una pérdida equivalente de bienestar para los ciudadanos europeos, Philippe Aghion, Luis Garicano y Antonin Bergeaud han advertido de que la menor productividad europea constituye un problema para la prosperidad futura. Parte de la controversia reside, precisamente, en cómo medir la riqueza y cómo interpretar la relación entre productividad y bienestar.

 

Más allá de las cifras y de las diferentes métricas, quizá exista una pregunta que debería ocupar un lugar central en esta conversación. ¿Qué clase de economía queremos construir para las próximas generaciones? Porque no basta con elegir entre producir más o vivir mejor. Necesitamos encontrar la manera de que producir mejor nos permita también vivir mejor. Una economía capaz de ofrecer oportunidades, una sociedad global más justa, un medio ambiente saludable y un sistema de protección social sostenible. Una economía que no convierta el futuro en una sucesión de amenazas y que sea capaz de sustituir los discursos apocalípticos por algo que parece haberse vuelto escaso en nuestro tiempo, la ilusión.

 

Este gran país (España, sin ir más lejos), precisa comprometer a las elites más cualificadas en la búsqueda de soluciones (pero sin olvidar que la solución somos todos, porque tenemos que ganar el futuro todos si queremos ganarlo). Hoy, la tiranía de los especuladores y la avaricia de los privilegiados dirigentes de los mercados financieros o de los 'Vulture Fund' representan una cruel amenaza para la democracia y nuestro modo de vida. Pero de las crisis, se sale cambiando. Las exigencias de una nueva realidad económica y social globalizada nos obligan a cambiar. Nunca volverá a ser lo mismo: seremos mejores o viviremos peor (nosotros, y nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos).

 

Es precisamente en este horizonte donde adquiere especial interés Dani Rodrik, profesor de la Universidad de Harvard, y su propuesta de productivismo. En su ensayo On Productivism, Rodrik plantea que nos encontramos en una transición desde el paradigma neoliberal y defiende una orientación económica centrada en extender las oportunidades productivas por los territorios y los distintos segmentos de la población, con especial atención a la creación de buenos empleos y a la prosperidad compartida. También reclama un papel más activo de los gobiernos y de la sociedad civil, frente a la confianza exclusiva en los mercados.

 

Pero toda nueva mirada económica necesita hacerse una pregunta todavía más profunda. Si la productividad puede crear riqueza y los buenos empleos pueden abrir caminos de prosperidad, acaso también puedan traer consigo algo todavía más valioso, sentido, ilusión y bienestar. Y es aquí donde nace el productivismo feliz, una nueva forma de entender el progreso donde producir más no sea un fin en sí mismo, sino una oportunidad para vivir mejor, para trabajar con propósito y para construir un verdadero Estado de Bienestar.

 

Desde esta perspectiva, y si queremos cultivar las filosofías del Happines Management y de la Industria 5.0, el productivismo feliz nos muestra que debemos comenzar por las necesidades de la ciudadanía y situar a la persona en el centro de la transformación económica y tecnológica. De esta manera, el productivismo feliz se convertirá en el fermento de un capitalismo humanista y sostenible, que entienda que la riqueza adquiere su verdadero significado cuando se transforma en oportunidades para una mayor calidad de vida. Acaso ha llegado la hora de volver a mirar hacia delante con los ojos de la ilusión, de recuperar la capacidad de soñar con lo que todavía no existe y de fascinarnos de nuevo con un futuro en el que progresar también signifique aprender a ser más felices.

 

Cuando las últimas aguas de estas reflexiones llegan a la orilla, quizá haya llegado el momento de resetear el productivismo para devolverle aquello que ninguna cuenta de resultados puede medir, el rostro y la dignidad de las personas. El productivismo feliz nace, así como una invitación a iluminar la producción en la era de la Inteligencia Artificial. A convertir la riqueza en algo más que acumulación, en el resplandor de una vida mejor. En el fermento de una democracia integral, fraterna y sostenible. Como nos recuerda el Evangelio de Mateo, “vosotros sois la luz del mundo”. Y como las aguas que, después de recorrer la tierra, terminan encontrándose con el mar, esta nueva mirada quiere llevarnos hasta la orilla de un futuro diferente. Allí donde la economía pueda volver a encontrarse con el ser humano. Allí donde comience el sendero de un porvenir más solidario y feliz.

 

Queridos lectores, como llegó a decir Jorge Luis Borges de los argentinos, “No nos une el amor, sino el espanto”, Los cambios geopolíticos y económicos están golpeado con tanta dureza y rapidez a nuestro mundo tal y como lo teníamos ideado, que sus efectos devastadores son cada vez más visibles, generando oleadas de desconfianza entre nosotros. Pareciera que tenemos que recuperar el sentido social de la política que apela al ejercicio de un liderazgo vinculante: los ciudadanos no eligen a sus representantes para que les solucionen los problemas, sino para que les adviertan de ellos y les propongan vías de solución y retos colectivos. Modificar el actual paradigma productivo en vigor en España durante los últimos 50 años, mejorar la eficiencia del sistema educativo, modernizar las administraciones públicas, reconstruir la normativa fiscal, financiera y laboral, o adecuar la Constitución al gran objetivo de la felicidad de la ciudadanía (que conecta de forma directa con el constitucionalismo moderno y la filosofía política, donde el bienestar integral de las personas se sitúa en el centro de las obligaciones del Estado), son retos colectivos de primer orden.

 

* Espacio de divulgación y transferencia científica.  

 

Víctor Meseguer es Investigador Principal del Grupo GAIA y promotor de la Red Internacional Universitaria de la Felicidad. 


Linkedin: Víctor Meseguer

 

Rafael Ravina Ripoll es director de la Red Internacional Universitaria de la Felicidad 

 

Linkedin: Rafael Ravina

Con tu cuenta registrada

Escribe tu correo y te enviaremos un enlace para que escribas una nueva contraseña.