Mentirosos
Escuchando la radio por la mañana, un periodista ha acusado abiertamente a un político de mentir públicamente. El periodista en cuestión, no se ha limitado a afirmarlo, sino que ha llamado directamente a los supuestos protagonistas de la noticia para que lo desmintieran, cosa que así han hecho de forma tajante.
La verdad, al menos en este caso, ha quedado al descubierto, pero hoy día no se le da valor, es más provechosa la mentira.
Tengo la sensación que para muchos dirigentes es más importante fichar a quienes juegan con la mentira que a personas honradas y preparadas.
La desinformación es un arma muy valiosa, hay quien la ha elevado a la categoría de arte, y quienes la practican son profesionales muy cotizados.
Ya que voy teniendo algunos años, recuerdo que los políticos de antaño tampoco es que fueran un cúmulo de sinceridad, pero al menos se preocupaban de que no les pillaran en la mentira; jugaban con la ambigüedad de tal forma que nunca se les podía pillar del todo. ¡Eso sí que era arte! Manejaban la dialéctica con soltura y eran audaces a la hora de presentar una idea, una crítica o una reflexión acercando el ascua a su sardina.
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Ahora no, ahora lo importante es desinformar a la población y apelar a sus emociones identitarias para que no razonen. En pocos años, apenas en una o dos generaciones de políticos, ya no se juega con la verdad, ya no se busca la interpretación ventajista del hecho, ahora directamente se inventa el hecho, se miente.
Obviamente que las redes sociales tienen mucho que ver. El anonimato que ofrecen brinda seguridad. No es lo mismo mentir a cara descubierta que en la privacidad del hogar o del despacho.
Pero no nos engañemos, el problema no es la tecnología, el problema son los valores. La sociedad está tan acostumbrada a que le mientan que se ha hecho inmune a la mentira, aunque ignora que no es inmune a sus efectos.
Una realidad adulterada no es una realidad y sin saber donde estamos, es imposible llegar a buen puerto. Permitir que impunemente nos mientan nos hace más frágiles y vulnerables.
La mentira tiene que ser más cara. Tenemos que exigir como sociedad que aquellos que no digan la verdad asuman, al menos, sus responsabilidades políticas e incluso sufran el repudio social. No puede ser que el engaño de aquellos que son los líderes de los pueblos salga gratis.
El problema es por dónde empezar. Estamos en una fase tan avanzada que no sabemos cuál es la casilla de salida. Hay tantos adoctrinados a sueldo que convierten la mentira en verdad, que es difícil dictar sentencia. ¿O quizá no? En ocasiones como la que he escuchado esa mañana, la mentira es tan demostrable que parece increíble que quede impune. Sin embargo, la mentira ya ha cumplido su objetivo, que era desinformar, y ahora el desmentido a buen seguro que no ha llegado a todos: ¡Misión cumplida!
Pero, ¿quién va a castigar al mentiroso sea del partido que sea? Es complejo hacerlo cuando la mitad de la sociedad lo apoya porque lleva la misma camiseta, aunque se demuestre que miente. Han conseguido que la crítica sincera se identifique con un ataque, no al mentiroso, sino a la ideología del embustero y por tanto a todos los que la comparten. Han logrado que la justificación del engaño se produzca automáticamente en función del partido en el que milite el embustero, sin importar la realidad o no de los hechos.
Va a ser complicado sacudirse tanto mentiroso, venga de donde venga, pero es necesario, porque el embustero solo busca engañar para conseguir sus egoístas objetivos y no le importa para nada el bien común.
Ojalá un día despertemos y echemos bien lejos a aquellos que con sus intereses espurios se han adueñado de nuestra sociedad. Va a ser muy difícil.
Linkedin: Gabríel Vivancos



