Jueves, 05 de Noviembre de 2026
Diario de Economía de la Región de Murcia
OPINIÓNCuando el ‘error humano’ reside en La Moncloa
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Pedro Manuel Hernández López

Cuando el ‘error humano’ reside en La Moncloa

 

Óscar Puente, aún ministro de Transportes, ha encontrado rápidamente un responsable para explicar el reciente y gravísimo accidente ferroviario de Urda: un trabajador del centro de control de Adif en Atocha. 


Un supuesto "error humano", "fallo mecánico" o "ambos" deberán ser esclarecidos por la pertinente investigación de la Sección de Criminalista de la Guardia Civil y por la Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios (CIAF).

 

Después de la tragedia de Adamuz -con más de un centenar de fallecidos, entre ambos accidentes-, el ministro parece tener muy claro dónde buscar las definitivas y únicas responsabilidades. 


Lo que no parece dispuesto a preguntarse y mucho menos a responder es ¿quién responde de los errores de planificación, de las inversiones pendientes, del mantenimiento no ejecutado y de las decisiones políticas, que afectan a la total seguridad ferroviaria de casi 50 millones de españoles..?

 

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Pero, puestos a hablar de "errores humanos", convendría ampliar mucho más el campo de observación. El mayor error humano que viene padeciendo España -desde hace años- es que "alrededor de ocho millones de ciudadanos sigan poniendo su confianza electoral en el PSOE", pese a los antecedentes, los resultados y los escándalos que han acompañado a sus gobiernos.


Naturalmente, votar es un derecho democrático personal e intransferible, y cada ciudadano es muy libre de ejercerlo como mejor considere. Pero el voto tampoco convierte los errores en aciertos ni libera a los gobernantes de responder por sus decisiones.

 

Y para entender cómo hemos llegado hasta aquí basta con repasar la trayectoria de los dos últimos presidentes socialistas.

 

José L. Rodríguez Zapatero -el 'cuenta nubes' y el profeta que proclamaba que "la tierra no pertenece a nadie, sino al viento- comenzó negando la "crisis económica" cuando sus efectos ya eran devastadores. Mientras el Gobierno hablaba de una simple desaceleración, el desempleo crecía, las empresas cerraban, el déficit se disparaba y millones de familias veían cómo se hundía su economía. 


Llegó a afirmar que España tenía el sistema financiero más sólido del mundo, pero terminó aplicando graves recortes que afectaron a pensionistas y funcionarios.


Su gestión dejó una profunda y grave factura económica y social a pesar de sus "famosos brotes verdes".

 

Después llegó Pedro Sánchez, un autarca y megalómano que ha convertido la permanencia en el poder en una auténtica prioridad personal y política. Pactos que antes consideraba inaceptables, cambios de posición, concesiones a grupos parlamentarios, enfrentamiento  institucional y una permanente estrategia de comunicación han marcado su trayectoria. La amnistía, los acuerdos con los independentistas, la manifiesta colonización de instituciones judiciales denunciadas por la oposición y los distintos escándalos que han rodeado a su entorno político y personal han deteriorado totalmente la confianza en el Gobierno.

 

Mientras tanto, los problemas cotidianos de los españoles siguen ahí: vivienda inaccesible, dificultades en la sanidad, inseguridad económica, presión fiscal y servicios públicos que reclaman mejores recursos y gestión. Frente a ellos, el Gobierno prefiere exhibir sus propios indicadores de éxito y descalificar a quienes suelen cuestionar sus resultados.

 

Y volvemos a Óscar Puente. El ministro pretende que la investigación de los accidentes determine las responsabilidades técnicas, algo absolutamente necesario. Pero una cosa es la responsabilidad de un operario  y otra muy distinta la responsabilidad política de quien dirige el departamento. 


La seguridad ferroviaria exige inversiones, modernización tecnológica, mantenimiento y controles eficaces. Ningún ministro puede escudarse indefinidamente en el error de un subordinado cuando su obligación "princeps" es garantizar que el sistema funcione, sí o sí.

 

Zapatero tuvo sus errores y Sánchez acumula los suyos. Sin embargo, el PSOE continúa encontrando ocho millones de votantes dispuestos siempre a respaldarlo, haga lo que haga.


Esa es la paradoja política que debería hacernos reflexionar. Porque ¿cuántas víctimas del volcán de La Palma, de la dana de Paiporta, de los accidentes ferroviarios de Angrois, Adamuz, Urda... y de los multiples incendios forestales, crisis, rectificaciones, promesas incumplidas y responsabilidades pendientes, hacen falta para que  su electorado les exija las explicaciones pertinentes  y las obligadas e inexcusables responsabilidades?

 

La democracia no consiste únicamente en votar cada cuatro años. También consiste en exigir cuentas a quienes reciben el mandato de gobernar.

 

Y si Óscar Puente quiere hablar de errores humanos, que empiece por explicar los suyos y los de su ministerio. Porque los trabajadores de Adif tendrán que responder de aquello que la investigación demuestre, pero los políticos deben responder de aquello que no han gestionado o lo han hecho mal.

 

Al final, la pregunta que queda en el aire es tan sencilla como incómoda: ¿cuántos errores con cientos de vidas humanas cobradas más tendrá que cometer el PSOE para que sus millones de votantes decidan, de una vez por todas, pasarle factura en las urnas...?


Y nunca olvidemos que hace 10 años atrás, si el AVE llegaba tarde te devolvían el importe del billete...pero, después de ocho años  del 'Social-Sanchismo' la única y deseada recompensa es 'llegar VIVO'.

 

Linkedin: Pedro Manuel Hernández López

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