Viernes, 06 de Noviembre de 2026
Diario de Economía de la Región de Murcia
ECONOMÍAProductividad, talento y absentismo: una conversación que no debemos seguir evitando
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Productividad, talento y absentismo: una conversación que no debemos seguir evitando

"Estamos ante un problema de competitividad que condiciona la capacidad de nuestras empresas para crecer, exportar, innovar y generar empleo"

JAVIER CELDRÁN | COORDINA: JOSÉ LUIS REVERTE |ILUSTRACIÓN: PUEBLA Viernes, 06 de Noviembre de 2026

 

Cuando hablamos del futuro económico de la Región de Murcia solemos centrarnos en atraer inversión, disponer del talento que necesitan nuestras empresas o incorporar nuevas tecnologías. Hablamos de digitalización, automatización, innovación o inteligencia artificial. Sin embargo, existe un factor mucho menos visible que está condicionando los tres objetivos al mismo tiempo: el absentismo laboral.

 

No estamos ante una cuestión exclusiva de los departamentos de Recursos Humanos. Tampoco ante un debate ideológico. Estamos ante un problema de competitividad que condiciona la capacidad de nuestras empresas para crecer, exportar, innovar y generar empleo.

 

En los últimos años he comprobado cómo esta preocupación aparece de forma recurrente en conversaciones con empresarios y directivos de prácticamente todos los sectores. Ya no hablamos únicamente de un asunto laboral, sino de un factor que condiciona la organización interna, los resultados y la capacidad de crecimiento de muchas compañías.

 

Una parte del debate debería estar ya superada. El absentismo es una realidad objetiva y de enorme magnitud. Podemos discutir sus causas o las medidas más adecuadas para abordarlo, pero resulta difícil cuestionar su impacto económico y empresarial. Estamos ante un fenómeno cuya existencia y relevancia han quedado acreditadas por los datos; lo que corresponde ahora es comprender mejor sus causas y gestionar sus consecuencias.

 

[Img #14766]Las cifras son contundentes. Según la AIReF, entre 2017 y 2024 la incidencia de las bajas por contingencias comunes aumentó cerca de un 60% en España, mientras que su duración media se incrementó un 15%. El gasto público asociado a la incapacidad temporal alcanzó los 16.500 millones de euros en 2024, más del triple que una década antes.

 

Pero el problema no se mide únicamente en euros de gasto público. Cada ausencia genera un impacto real sobre la actividad empresarial. Cuando una persona falta, el trabajo no desaparece. Hay que reorganizar tareas, buscar sustituciones o asumir retrasos. Cuando esta situación se prolonga, termina afectando a la productividad, al cumplimiento con los clientes y, en última instancia, a la competitividad.

 

En la Región de Murcia la situación merece una reflexión específica. En el segundo trimestre de 2026, el absentismo alcanzó el 8% de las horas pactadas, frente al 7,2% de la media nacional. Dicho de forma sencilla, en nuestra comunidad se pierde una de cada doce horas de trabajo previstas. Y existe un dato especialmente preocupante: en apenas un año la diferencia respecto a la media española se ha duplicado.

 

¿Por qué debería preocuparnos especialmente? Porque este fenómeno coincide con otro de los grandes retos que afrontan nuestras empresas: la escasez de talento. Cada vez más compañías industriales, tecnológicas, energéticas o logísticas encuentran dificultades para incorporar determinados perfiles profesionales. La consecuencia es evidente: disminuye la capacidad productiva.

 

Por eso el absentismo no puede analizarse de forma aislada. Forma parte de una misma ecuación en la que intervienen productividad, disponibilidad de talento y crecimiento económico.

 

Y aquí aparece una cuestión especialmente relevante para nuestra región. Llevamos años hablando de reindustrialización, atracción de inversiones y empleo de calidad. Sin embargo, la competitividad de un territorio no depende sólo de las infraestructuras o los incentivos. También depende de la disponibilidad de talento, de la capacidad de ejecución de sus empresas y de su productividad.

 

Además, todo apunta a que no estamos ante un fenómeno coyuntural. Existen factores estructurales detrás de esta realidad: cambios demográficos, envejecimiento de la población trabajadora, nuevas expectativas sobre la relación entre vida personal y profesional, limitaciones del sistema sanitario y una creciente complejidad en la gestión de la incapacidad temporal.

 

Reconocer que existe un componente estructural no significa resignarse. Las administraciones tienen margen para mejorar la coordinación entre los servicios públicos de salud, el INSS, las mutuas y las inspecciones médicas. Una gestión más ágil permitiría reducir tiempos de espera y evitar prolongaciones innecesarias de determinados procesos. También ayudaría disponer de mecanismos más eficaces de control y seguimiento para detectar posibles situaciones irregulares cuando existan indicios objetivos, sin poner en cuestión la protección legítima de quienes realmente necesitan una baja médica.

 

Pero las empresas también tienen una responsabilidad ineludible. Analizar datos, reforzar la prevención, mejorar el clima laboral, formar a los mandos intermedios y acompañar adecuadamente las reincorporaciones son medidas que pueden generar resultados tangibles. La gestión de las personas ha dejado de ser una función de soporte para convertirse en una ventaja competitiva.

 

Si la Región de Murcia quiere atraer nuevas inversiones industriales, generar empleo de calidad y posicionarse en sectores de mayor valor añadido, necesitamos hablar más de productividad. Y hablar de productividad exige abordar sin complejos esta realidad.

 

Porque podemos atraer más inversión, incorporar más tecnología y desarrollar más talento. Pero si queremos ser realmente más competitivos, también tendremos que ser más productivos. Y la productividad empieza por aprovechar mejor el talento y el tiempo de trabajo de que ya disponemos.

 

La competitividad de una región no depende únicamente de las inversiones que atrae, sino también de su capacidad para aprovechar el talento con el que ya cuenta. Y en un contexto de escasez de profesionales, envejecimiento demográfico y creciente competencia entre territorios, aprender a gestionar mejor el absentismo no es sólo una necesidad empresarial: es una prioridad económica.

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