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ENTREVISTA

María Zabay: “Si progresar es tener más para necesitar más, no creo mucho en ese progreso”

La periodista y escritora publica ‘Miseria’, un thriller empresarial que retrata la corrupción y la decadencia moral

Nuevo Digital Viernes, 06 de Noviembre de 2026
La autora: María ZabayLa autora: María Zabay

 

La escritora y periodista María Zabay, amante confesa de la Región de Murcia concede una entrevista, con motivo de la publicación de su nueva novela. 'Miseria', un thriller empresarial tejido con la precisión necesaria para mantenernos enganchado al lector. También hay paralelismos con la realidad. Su protagonista, Alonso, habla de poder, de ambición y de cuánto se puede llegar a traicionarse uno mismo por miedo a perder una posición.  Es inteligente, cínico, mordaz y con unas reflexiones tan ácidas como hilarantes. A veces resulta detestable; otras, inquietantemente lúcido. Pero su crítica social descarnada y cruda deja pensando al lector. Zabay suelta arponazos, por momentos destila esa oscuridad conceptual de Alonso.

 

- Alonso no deja títere con cabeza, ¿qué le pasa?

 

- Que tiene una inteligencia afiladísima y una insatisfacción que no le da tregua. Desprecia y es implacable con la hipocresía, la vanidad y las imposturas que le rodean, y cuando se mira a sí mismo tampoco sale indemne.

 

- Lo curioso: ve sus miserias y no cambia. Sigue en su miseria. Esto pasa mucho…

 

- Reconocer las miserias resulta más fácil que renunciar a lo que se obtiene de ellas.

 

- La ironía, el cinismo y las contradicciones humanas atraviesan toda la historia.

 

- Los humanos estamos hechos de contradicciones y muchas veces de cinismo.

 

- En 'Miseria' una herencia puede ser una amenaza…

 

- Lo es. La de derrumbar todo. 'Miseria' es un thriller empresarial que arranca con la muerte del patriarca fundador del imperio. Su hijo, Alonso, hereda el dinero, las propiedades y una manera de entender la vida que lo ha ido agrietando. La clave está en que entre lo que deja su padre, aparece algo que nunca imaginó, un documento con el poder de detonarlo todo. ASí que la paradoja es que la herencia que aparentemente le tenía asegurado el futuro, pone en peligro la vida que tiene.

 

- ¿Qué papel juega el sexo en la novela?

 

- El que juega en la vida. Muy importante. Presente y casi omnipresente en determinado perfil de personas para las que tiene rango de obsesión, aun sin llegar a lo patológico. Es el caso de Alonso y las personas que son como Alonso. Lo tiene presente hasta cuando no disfruta de él. Se trata de pulsiones que llegan a gobernar al individuo de una forma tal que casi equivalen a una nueva variante de poder. Alonso vive una vida de cinismo, de imposturas, y ahí está el sexo, una adicción más que ha perdido su carta de naturaleza. De hecho, la novela empieza con una relación sexual mecánica, casi un trámite.

 

- Como dice, el arranque es potente. Te deja anclado con “El día que murió mi padre, yo estaba derramando mi simiente en una becaria con mirada de hambre, escogida más por su complacencia que por su carne. No fue amor; ni sexo, ni deseo. Fue soberbia, hastío; una mugre ceremonial que apenas me mantuvo erecto mientras el móvil vibraba con la noticia”.

 

- Alonso no tiene filtros. El lector está en su cabeza. Vive y piensa con él. Quería que desde la primera página el lector supiera dónde se estaba metiendo. Alonso es arrogante, obsceno, cruel y a veces profundamente desagradable. No pretendía que el lector lo aprobara, lo que me interesaba es que no pudiera dejar de escucharlo. Lo verdaderamente inquietante de ciertos personajes es descubrir que, aunque nos repugnen, nos interesa saber qué harán a continuación.

 

- Ha dicho que sus miedos se parecen a los nuestros, pero él tiene miedo a perder un imperio y la mayoría sólo una casa.

 

- Cierto, pero eso sólo muestra que cambia la escala, no los miedos. Perder una casa puede comprometer la seguridad básica de una persona; tener miedo a perder poder no te coloca en esa misma situación, pero sigue siendo miedo a perder lo que uno tiene. No obstante, la cercanía que busco no es económica, sino emocional, me refiero al miedo a dejar de ser quien creías que eras; el miedo a perder reconocimiento; a que cambie la mirada de los demás hacia ti, a que te dejen de querer; a que dejes de ser atractivo… Podemos reconocer ese mecanismo sin equiparar las circunstancias ni disculpar las conductas. El miedo explica a Alonso; no lo absuelve. Y esto mismo nos ocurre a todos, en mayor o menor medida. Losmiedos que nos anegan pueden justificar determinadas actuaciones, pero nunca exculparlas.

 

- En otra escena, Alonso nos deja paralizados viendo botes "Anticaídas, antiarrugas, antiestrés, antiflacidez […] la civilización encapsulada en ciento cincuenta mililitros y tapas de rosca". ¿Por qué vivimos con tanto miedo a perder?

 

- Porque hemos puesto demasiado de nuestra identidad en cosas que no podemos conservar para siempre como la juventud, el atractivo, la posición, la mirada de los demás, las propiedades e incluso el amor. Y cada pérdida nos amenaza con convertirse en un veredicto sobre lo que valemos, por eso, esos estantes cuentan tanto de nosotros: compramos una crema y le pedimos que nos devuelva la tersura y la tranquilidad.

 

- ¿Por qué nos atrae tanto mirar detrás de una vida aparentemente perfecta?

 

- Por curiosidad, desde luego, pero creo que también buscamos comprobar si lo que admiramos existe de verdad. Siempre vemos el resultado que coloca a esa persona en un podio y el coste suele quedar fuera. Olvidado. Me interesa entrar ahí sin dar por hecho que detrás de todo éxito hay una mentira. A veces hay esfuerzo y satisfacción; otras veces hay una vida organizada alrededor de algo que ya no produce ninguna de las dos cosas. Lo que me parece más inquietante es cuánto se puede tardar en admitir esta realidad.

 

- ¿Por qué  esa necesidad de Alonso de mantener el escaparate?

 

- Creo que esa necesidad podemos reconocerla en situaciones bastante corrientes del día a día. Para empezar en el propio Instagram, pero también en el trabajo, en el barrio, con la familia. A todos nos cuesta admitir que algo que hemos elegido ya no nos hace bien y que hemos dedicado muchos esfuerzo a conseguirlo, sobre todo si los demás lo admiran. Eso no significa que todos seamos Alonso, significa que quizá entendemos mejor de lo que nos gustaría la tentación de mantener una imagen y sostenerla como un estandarte. Admitir esto nos obliga a hacernos una pregunta muy incómoda: la de cuanto de lo que mantenemos, lo queremos todavía y si nos atrevemos a soltar.

 

- ¿Hasta qué punto se confuende el éxito con el mérito?

 

- Ser conscientes del mérito exige mirar cómo se ha conseguido el éxito. Con frecuencia vemos una fortuna, un cargo, una posición, una portada en el periódico, pero eso no nos cuenta por sí solo qué capacidades, qué esfuerzos o qué decisiones hay detrás. También puede haber oportunidades que otros no tuvieron, o privilegios de partida. Eso no invalida cualquier éxito, pero sí obliga a examinarlo con rigor antes de admirarlo. En Alonso me interesaba esa distancia entre la posición que ocupa y lo que ha hecho y hace para merecérsela. Además, una persona puede ser muy inteligente y muy eficaz, y utilizar esas capacidades de una manera destructiva, por eso creo que la pregunta no es únicamente hasta dónde has llegado, sino cómo has llegado, quién ha pagado el precio y cuál ha sido. Y también qué estás dispuesto a hacer cuando conservar tu posición exige traicionar aquello que supuestamente ers.

 

- Alonso le da duro a lo que hoy entendemos por progreso. ¿Usted también?

 

- Si progresar es tener más para necesitar más, no creo mucho en ese progreso. No niego que nos permite vivir mejor, tener acceso a medicinas, cirujías, luz, calefacción, aire acondicionado, transportes… Pero lo que veo es que cuanto más se supone que progresamos, más nos evaporamos en lo intrascendente y olvidamos lo importante, lo humano. Estamos dando vueltas en bucle en un circo de ambiciones, intentando llegar a una cúspide vacía en la que con frecuencia al que llega le acompaña poco más que una mochila cargada de  miedos. El caso es que el bucle tiene disparadas las cifras de depresión, ansiedad y trastornos de la personalidad.

 

- Vaya panorama…

 

- Hay que ser conscientes y cada uno decidir qué quiere. Pensar si producir más, comprar más o exhibir más, y ganar dinero, posición, reconocimiento y acabar sin tiempo, sin vínculos sólidos o sin saber para qué queríamos todo esto que nos arde en las manos. Alonso tiene bastante de esto.

 

- Con una mirada tan corrosiva, ¿qué lugar ocupa el humor en Miseria?

 

- Un lugar fundamental. Alonso puede ser cruel, obsceno, muy desagradable, pero también tiene una mirada incisiva para detectar lo ridículo, las imposturas y esas pequeñas vanidades que procuramos vestir de algo más respetable. Su manera de contarlo puede hacerte reír y, de pronto, dejarte incómodo porque reconoces algo tuyo en aquello de lo que te estabas riendo. Me interesa esa complicidad inestable con el lector; que disfrute de su inteligencia, que a veces le de la razón y que otras sienta ganas de discutir con él. Alonso puede resultar insoportable, pero quería que su voz invitara a no poder dejar de escucharlo.

 

- ¿Qué le gustaría que le quedara al lector?

 

- Me gustaría que se divirtiera, que tuviera el impulso de pasar páginas y que, de vez en cuando, se sorprendiera dándole la razón a una persona a la que jamás invitaría a cenar a su casa, ni siquiera a un restaurante con cuarenta personas. Y, sobre todo, que cuando cerrara el libro se preguntara si de verdad somos tan distintos de Alonso como nos gusta creer.

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