El Terrasanchismo y el lado correcto de la historia
Pedro Sánchez ha convertido la política en una especie de cartografía moral. Al Partido Popular lo coloca en una derecha "cada vez más ultra", a Vox lo presenta como una amenaza para la democracia y a España bajo su Gobierno la sitúa una y otra vez en "el lado correcto de la historia". Es una brújula comodísima. Si uno se reserva el lado correcto, quien discrepa no necesita estar simplemente equivocado. Está moralmente extraviado. Basta desplazarlo un poco hacia la derecha, otro poco hacia la ultraderecha y, cuando la conversación se hace incómoda, siempre queda la casilla del facha.
El pasado 5 de agosto publiqué en El Nuevo Digital de Murcia El partido contra Marruecos. Han pasado apenas cincuenta y seis días. Hagamos algo tan peligroso como sencillo. Abramos la hemeroteca y recorramos hacia atrás ese lado correcto de la historia desde hoy hasta aquel artículo. No ocho años. No dos legislaturas. Sólo ocho semanas.
Advertencia al lector. Este artículo es bastante más largo de lo habitual. Intenté recortarlo, pero la actualidad se negó a colaborar. En sólo ocho semanas han sucedido demasiadas cosas. Es delirante e hilarante. Así que agradeceré al lector un poco más de paciencia de la habitual. La extensión, en este caso, no es un defecto del artículo. Es parte del argumento. Si aún así se cansa, le invito a acudir a los párrafos finales.
Dice Sánchez que está en el lado correcto de la historia.
El PSOE de Madrid abrió su carrera hacia 2027 presentándola como una "batalla por la decencia". Óscar López afinó todavía más la cartografía moral. Frente a la "indignidad de los áticos", la "dignidad de las calles". Y Sánchez anunció que el Gobierno trabaja ahora "contrarreloj" en un decreto de vivienda después del caso de Maricarmen, que va camino de ser el penúltimo juguete roto. ( Las Maricamen de otras CCAA o de Ceuta no son útiles) El problema de la vivienda no nació este fin de semana, llevan 272.000 desahucios en los últimos ocho años, pero el reloj político ha descubierto de pronto que corre igual que corre una cortina. Hasta el urbanismo tiene geografía moral y, casualmente, el Gobierno ocupa la parcela de la decencia.
Y si a usted le parece excesivo que un partido se haga “okupa” de la decencia, tenga cuidado, ya sabe que su parcela de al lado está clasificada como suelo facha.
Dice Sánchez que está en el lado correcto de la historia.
La semana pasada el juez ha abierto juicio oral contra Begoña Gómez ante un jurado popular por presuntos delitos de tráfico de influencias y malversación. La institución del jurado, aprobada en 1995 bajo un Gobierno socialista, nació reivindicando precisamente la participación ciudadana en la Administración de Justicia. Tres décadas después, la portavoz del Gobierno ha explicado públicamente que "hacer justicia" significa declarar inocente a Begoña Gómez. A la participación popular parece conveniente “facilitarle” la solución antes del examen.
Y si a usted le rechina que el Gobierno anuncie cuál debe ser la respuesta del jurado, la geometría moral ya sabe dónde colocarle: en la casilla de los fachas.
Sánchez sigue, naturalmente, en el lado correcto de la historia.
También la semana pasada, Beatriz Biedma, la jueza que investigó a David Sánchez, vuelve a aparecer en el centro del caso Leire Díez. La magistrada ha pedido personarse como perjudicada en una investigación sobre actuaciones dirigidas presuntamente a obtener información sobre ella y su familia y a promover iniciativas para apartarla. A ello se ha añadido una querella para investigar contactos con personas vinculadas al narcotráfico y un supuesto propósito de darle un "sustillo". La escena es de película de Berlanga. Montesquieu separó los poderes porque todavía no conocía los grupos de WhatsApp.
Y si le parece inquietante que investigar al hermano del presidente pueda acabar convirtiendo a la jueza en perjudicada de otra investigación, cuidado: está usted peligrosamente cerca del hemisferio facha.
![[Img #14315]](https://elnuevodigitalmurcia.es/upload/images/09_2026/4928_cesar.jpg)
La brújula no se mueve. Sánchez continúa en el lado correcto de la historia.
Se ha conocido un audio atribuido a Lorena Suárez, entonces secretaria general del PSOE en Argentina durante las elecciones generales de 2023. En la grabación pide fotocopias de pasaportes para organizar un circuito de captación del voto exterior y termina preguntando incluso por el pasaporte de "tu tía, la que se murió". Hay que reconocer la amplitud demográfica. Mientras los partidos tradicionales se obsesionan con los jóvenes, los pensionistas y las clases medias, aquello parecía explorar un nicho electoral mucho más estable. Pero la democracia de los muertos de Chesterton no era exactamente esto.
Y si la escena le hace rechinar, repita conmigo: debe de ser que soy facha.
Otra semana atrás y Sánchez continúa en el lado correcto de la historia.
Cristina Narbona reconoció ante el juez los mensajes en los que Leire Díez le hablaba de "reconducir" los ataques al presidente, ofrecer "ayuda cualificada" y darle la vuelta a la situación "como un calcetín". Narbona explicó que remitió el asunto a Santos Cerdán. La política española ha conseguido así mejorar dos mil años de Derecho romano. Hasta ahora creíamos que un procedimiento podía archivarse, recurrirse o sentenciarse. El sanchismo añade una cuarta posibilidad jurídica: calceum invertere. Darle la vuelta al calcetín.
Todo perfectamente normal. Salvo que a usted le rechine. En ese caso, ya conoce el diagnóstico: facha.
Y Sánchez permanece en el lado correcto de la historia.
El juez Peinado ha vuelto a recibir públicamente las descalificaciones del Gobierno. Sánchez aseguró que había hecho "mucho daño a la Justicia" y que no sería recordado por su imparcialidad. Casi al mismo tiempo, Óscar López calificaba de "salvajada" y "atropello democrático" una decisión cautelar del Supremo relacionada con las inscripciones electorales derivadas de la llamada ley de nietos y hablaba de jueces "salvapatrias" empeñados en "derrocar al Gobierno". La independencia judicial ha alcanzado así una sofisticación formidable: los jueces son independientes si así lo dicta el Ejecutivo.
El Supremo había ordenado comprobar determinadas inscripciones antes de reconocer sus efectos electorales. El Gobierno presentó aquella verificación como una restricción de derechos. Es una paradoja interesante. Pedir que se demuestre el cumplimiento de un requisito acaba convertido en un abuso contra quien debe cumplirlo. No recomiendo al autónomo español experimentar con esta nueva doctrina de la libertad administrativa. Hacienda suele mostrar una sensibilidad bastante menor hacia el salto de requisito.
Si a usted le preocupa que el Gobierno reparta certificados de buena y mala independencia judicial, la cartografía moral acaba de desplazarle otra vez hacia la zona facha.
Seguimos retrocediendo. Sánchez sigue donde siempre: en el lado correcto de la historia.
El 16 de septiembre preguntaron al presidente por qué, mes y medio después de la entrada masiva, seguían centenares de menores por las calles de Ceuta. Respondió con precisión incompetencial: "Eso pregúntaselo a Vivas". La tutela correspondía a la ciudad autónoma, pero ésta difícilmente podía hacerse cargo de quienes aún no habían sido identificados por los órganos dependientes del Ministerio del Interior. Una crisis compartida suscita el prodigio administrativo de que la responsabilidad encuentre alojamiento mucho antes que los propios menores.
Y si le sorprende la incompetencia, será porque contempla la realidad desde el lado incorrecto. El lado de los fachas.
Dice Sánchez que está en el lado correcto de la historia.
El Congreso aprobó por 177 votos frente a 168 el dictamen que devolvía al Tribunal de Cuentas la declaración de la Cuenta General del Estado de 2024 para ampliar su análisis. Entre las objeciones figuraba la ausencia de unos nuevos Presupuestos Generales del Estado. España funcionaba con cuentas prorrogadas y después dedicaba otro ejercicio a explicar lo que había hecho con ellas. En cualquier familia eso consiste en seguir comiendo el guiso del martes porque nadie decidió qué cocinar el miércoles.
Y si cree usted que gobernar también consiste en aprobar presupuestos alguna vez, vigile esa peligrosa deriva hacia el fascismo contable.
Retrocedemos otra semana y Sánchez continúa, naturalmente, en el lado correcto de la historia.
En el caso Plus Ultra, dos antiguos directivos declararon sobre un pago de unos 530.000 euros, el uno por ciento del rescate público de 53 millones, que vinculaban al llamado "grupo Zapatero", sin concretar qué gestión correspondía personalmente al expresidente. Sánchez respondió reivindicando públicamente su confianza en José Luis Rodríguez Zapatero. La Justicia pregunta qué servicio se prestó. La política responde apelando a la confianza en quien debía prestarlo. Son dos sistemas de auditoría bastante diferentes. Uno necesita documentos. El otro puede funcionar con fe.
Y si a usted, que conserva hasta el tique de una comida para justificar veinte euros, la cosa le parece chocante, ya sabe qué clase de ciudadano es: uno de esos fachas de la factura.
Y Sánchez, imperturbable, continúa en el lado correcto de la historia.
La gerente federal del PSOE, Ana María Fuentes, declaró como investigada en el caso Leire Díez y atribuyó a Santos Cerdán la decisión sobre determinados encargos y pagos. Explicó que autorizaba facturas después de que Cerdán validara la prestación de los servicios. Resulta admirable la asimetría administrativa. Al ciudadano se le pide Cl@ve, certificado electrónico, doble autenticación, justificante, formulario y posiblemente la partida de bautismo del bisabuelo para corregir una casilla. En las grandes organizaciones, sin embargo, conserva plena vigencia una tecnología mucho más antigua: “eso lo llevaba otro”.
Si a usted le parece un doble rasero, la geometría moral acaba de asignarle nuevamente su casilla: facha.
Y el lado correcto de la historia continúa produciendo episodios.
A comienzos de septiembre el PSOE pidió al juez del caso Leire que sólo la Fiscalía accediera inicialmente a la pieza en la que se analizaban seis cuentas del partido y que se expurgaran los movimientos ajenos a la investigación para proteger datos de terceros y evitar filtraciones. Y mientras Ferraz pedía limitar el acceso a sus cuentas, hasta la Fiscalía Europea preguntaba ya si aquella madeja podía alcanzar fondos comunitarios. Tiene belleza literaria proclamar la transparencia al mismo tiempo que se solicita limitar al máximo quién puede mirar. El cristal sigue siendo perfectamente transparente. Sólo hemos bajado las persianas.
Y si esa transparencia opaca le preocupa, no busque una contradicción. Busque su carné de facha.
Con Ceuta, por supuesto, Sánchez también estaba en el lado correcto de la historia.
En septiembre conocimos los documentos que mostraban que el CNI había advertido el 29 de julio de una convocatoria para un "asalto por valla y mar" al día siguiente y había señalado que los grupos donde circulaba sumaban alrededor de 180.000 seguidores. También existía una nota policial que advertía de entradas irregulares y calificaba algunos escenarios coordinados como de "riesgo extremo". El Gobierno explicó que ninguno de aquellos avisos anticipaba la magnitud final de la entrada. Al parecer, una alerta de “riesgo extremo” todavía no era una alerta suficientemente alarmante como para imaginar que pudiera ocurrir algo extremo.
Una semana después, la Audiencia Nacional preguntaba precisamente qué avisos habían existido antes de la crisis. Habíamos perfeccionado la alerta retrospectiva: primero ocurre la catástrofe y después averiguamos si estábamos avisados.
Y si a usted le rechina que una alerta sea considerada alerta sólo después de que ocurra aquello de lo que alertaba, es evidente que interpreta usted las alertas desde la extrema derecha.
También en Ceuta seguía Sánchez en el lado correcto de la historia.
La dirección federal del PSOE criticó las concentraciones por la crisis de Ceuta y denunció su utilización partidista. Desde el propio socialismo ceutí, en cambio, se reclamaba participar y defender públicamente a la ciudad. Dos diputados socialistas habían llegado a pedir al Gobierno que “dé la cara”. Uno de ellos dejó una frase que podría servir de epitafio a buena parte de la política contemporánea: “Estamos cansados de que algunos estén cuidando sus relatos”.
El relato tiene muchas ventajas sobre la realidad. Se corrige con una nota, se recompone con una rueda de prensa y se arregla con un adjetivo. El inconveniente es que no sirve como cama, policía, frontera ni centro de acogida. La realidad tiene esa desagradable manía materialista de necesitar cosas.
Y si distingue usted entre cuidar el relato y solucionar el problema, procure que no se note demasiado. Podrían tomarle por facha.
Y el lado correcto de la historia llegó también a las vacaciones de agosto.
La crisis llevaba semanas abierta mientras Sánchez coordinaba reuniones por videoconferencia desde La Mareta. La portavoz socialista respondió a las críticas sobre la ausencia del Ejecutivo con un memorable "ya está bien de bulos, ya está bien de memeces". Al mismo tiempo, varios ministros discutían cuándo y en qué Cámara comparecerían para explicar la gestión. Margarita Robles no acudió a una convocatoria del Senado porque no había dispuesto de tiempo "suficiente" para preparar con "rigor y detalle" su intervención.
Las crisis pueden estallar de repente, la frontera puede desbordarse en horas y el ciudadano debe improvisar cómo afrontar todo esto. Lo verdaderamente temerario habría sido que una ministra llegase al Senado sin los folios suficientemente ordenados. La tecnología consiguió además un pequeño milagro político: un problema capaz de ocupar una ciudad entera cabía perfectamente en el rectángulo de una videoconferencia.
Y si a usted le parece que gobernar también consiste, alguna vez, en estar donde ocurre el problema, la brújula ya ha vuelto a señalarle: facha.
Dice Sánchez que está en el lado correcto de la historia incluso cuando arde el monte.
Mientras España sufría una oleada de incendios, el PSOE recordó en el Congreso que la vigilancia y extinción corresponden a las comunidades autónomas y que el Estado "colabora, coordina y pone los medios extraordinarios". Políticamente resulta fascinante observar cómo funciona la fotografía pública. Cuando se inaugura una infraestructura aparecen administraciones suficientes para sujetar la cinta entre todos. Cuando arde el monte comienza una investigación constitucional destinada a averiguar quién era exactamente el propietario de la manguera. Y, si necesitan ayuda, que la pidan.
Y si usted creía ingenuamente que el Estado, con todo lo que cuesta, también estaba para aparecer cuando las cosas salen mal, quizá tenga una concepción peligrosamente facha del Estado.
Sánchez continúa en el lado correcto de la historia y los teléfonos, entretanto, continúan entrando en los juzgados.
La Audiencia Nacional volvió a clonar el móvil de Juan Manuel Serrano, antiguo jefe de gabinete de Sánchez en el PSOE y expresidente de Correos, dentro del caso Leire. Serrano había cuestionado las garantías del primer volcado y la diligencia se repitió con su presencia. Esta etapa política está creando una modalidad nueva de patrimonio documental: el móvil político. Hay terminales con más interés judicial que algunas bibliotecas. Antes, al abandonar un cargo, se entregaban las llaves. Ahora quizá convenga añadir PIN, cargador y copia de seguridad. ¿Qué tendrán todos esos móviles?
Y si la proliferación de teléfonos en los sumarios le llama la atención, cuidado con comentarlo. Podrían confundirle con un facha tecnológico.
Y en el lado correcto de la historia también encontramos política económica.
El propio ministerio del Interior admite en la evaluación de sus ayudas relacionadas con la cooperación contra la inmigración irregular que, por la multitud de factores que determinan los flujos, "no resulta posible establecer una vinculación proporcional con los resultados obtenidos". Para un economista, el resultado es irresistible. Tenemos gasto, tenemos objetivo, tenemos indicadores y no podemos establecer con claridad cuánto contribuye uno al otro. La política pública alcanza así su perfección cuando la evaluación termina explicando por qué no puede evaluarse.
Y si usted pregunta qué conseguimos exactamente con el dinero gastado, tenga cuidado: la obsesión por medir resultados es uno de los primeros síntomas del fascismo presupuestario. Y a usted ¿qué le importa?
Y todavía seguimos en el lado correcto de la historia.
Mientras desde Madrid se hablaba de coordinación y progresiva normalización, Juan Jesús Vivas describía la situación como "inasumible, insostenible e inaceptable" y reclamaba un plan estatal urgente. Felipe VI recibió a Vivas en Marivent para escuchar directamente la gravedad de la situación mientras Sánchez permanecía aquellos días en La Mareta. La estampa se explica sola. El presidente de Ceuta viajaba hasta el jefe del Estado. Para coordinarlo, el jefe del Gobierno disponía de internet. Los problemas son como las montañas. Cuanto más lejos se encuentra uno, más pequeños parecen. Por eso el mapa de España puede doblarse y guardarse cómodamente en un bolsillo.
Y si a usted aquella distancia entre el mapa y el territorio le parecía excesiva, será porque miraba Ceuta desde el lado equivocado. El de los fachas.
Y llegamos finalmente al 5 de agosto, todavía en el lado correcto de la historia.
Aquel día, la Policía había identificado a centenares de menores llegados durante la entrada masiva y todavía quedaban otros pendientes de identificación. Algunos dormían entre cartones en las calles de Ceuta. Podemos discutir durante horas sobre Marruecos, competencias, alertas, solidaridad europea, reparto territorial, extrema derecha, vacaciones, Delegación del Gobierno y responsabilidades administrativas. La política es capaz de construir relatos extraordinariamente complejos. Un cartón tiene la mala educación de resumirlos. Mientras tanto, muestran una cortesía exquisita evitando que el socio preferente, con todas sus mansiones, entre en al ecuación.
Y si también eso le rechina, tenga usted cuidado. Quizá sea definitivamente facha.
Y aquí acaba nuestro viaje. Cincuenta días. No ocho años. Y ni siquiera hemos tenido que volver a Ábalos, Koldo, Santos Cerdán, Tito Berni, Delcy, las ramificaciones del caso Hidrocarburos, los pagos en efectivo, las investigaciones sobre Begoña Gómez y David Sánchez, Leire Díez, Correos o la interminable colección de controversias que rodean al partido, al Gobierno y a su entorno. La hemeroteca tiene la desagradable costumbre de conservarlo todo.
El problema de proclamarse en el lado correcto de la historia es que la expresión funciona como una patente de superioridad moral. Si las cosas salen bien, demuestra que uno tenía razón. Si salen mal, hubo circunstancias. Si aparece una contradicción, será un bulo. Si un juez incomoda, se discute al juez. Si un adversario protesta, se ultraderechiza. Si protesta alguien del propio partido, estará perjudicando al proyecto.
Y si el ciudadano, después de contemplar todo lo anterior, dice simplemente "esto me rechina", ya no hace falta contestarle. Basta cambiarlo de casilla. Facha.
El sistema tiene la misma perfección lógica que el terraplanismo. El terraplanista contempla una fotografía de la Tierra esférica y no ve una prueba contra su teoría. Ve una prueba de la magnitud de la conspiración. La evidencia contraria deja de refutar la hipótesis y empieza a fortalecerla. Cuantas más pruebas aparecen, mayor tiene que ser la conspiración que las oculta
Por esto, en lugar del lado correcto de la historia, la sensatez reclama estar, de vez en cuando, en el lado correcto de los hechos. Cuando todo lo que confirma el relato demuestra que el relato es cierto y todo lo que lo contradice demuestra que el crítico es facha, ya no tenemos una brújula. Tenemos el lado circular de la histeria.
Bienvenidos al Terrasanchismo.
Su punto de partida es que Sánchez ocupa, por definición, el lado correcto de la historia. A partir de ahí, cada acontecimiento encuentra una explicación compatible con esa certeza. Habrá jueces haciendo política, periodistas difundiendo bulos, una ultraderecha amenazando la democracia, competencias autonómicas que el ciudadano no comprende y circunstancias internacionales que complican las cosas.
Y frente a todo ello permanece siempre la última defensa.
Si duda, si pregunta, si compara lo dicho ayer con lo ocurrido hoy, si tiene la osadía de exigir al Gobierno la misma altura moral que el Gobierno exige a los demás, siempre queda el recurso más barato de la política: no responderle, sino clasificarle.
Y si a usted todo esto le parece mal, ya sabe por qué.
Porque usted es facha.
Linkedin: César Nebot



